Saturday, July 2, 2011

Obba, la musa yoruba.


Foto: Mario García Joya. Oneysis Valido.

Especial/El Nuevo Herald

En la tradición del teatro cubano han existido diversas formas de afrontar y presentar el culto religioso africano: Santa Camila de La Habana Vieja de José R. Brene, Chago de Guisa de Gerardo Fulleda y Otra historia de Pedro Monge Rafuls, por citar clásicos. El rito es casi protagónico, sin embargo, el teatro cubano tiene pocas muestras de la vida o la simbología de los Orishas. Es el caso de Obba, un cuento de Exilia Saldaña llevado a escena por el director Eddy Díaz Souza, con la actuación de Oneysis Valido, que el teatro Artefactus está exhibiendo en la recién inaugurada Sala Avellaneda, del Teatro Akuara. La obra es sencillamente, la historia de los sentimientos de una mujer, sus virtudes y su ingenuidad, en la que el dios tiene presencia como pocas veces en el escenario, a diferencia de muchas o de la mayoría en que el dios participa a través de la adivinación o relación del oráculo con el hombre, a través del rito, la matanza de animales, el sacrificio, la sangre o el despojo. Obba es otra cosa, es una interpretación de la intimidad de una diosa, que no guerrea, sino lucha silenciosamente por el amor de un hombre.

La religión yoruba tiene, a veces desconocidas figuras femeninas de un valor sin igual, como es la de Obba, una deidad que representa el más dulce y fiel amor, el más alto gusto estético y la riqueza otorgada por el cielo. Dice su historia que nació rica, tiene un cofre lleno de piedras preciosas, tiene belleza, tiene un puñal. Se casa con Changó, vive para esperarlo, cocinarle su kalalú (una especie de sopa de carne de carnero con quimbombó, plato preferido del orisha), vive para servirle la mesa, secarle el sudor que trae de la guerra, tejer sus esteras. Más Changó, que siempre la quiso mucho, tenía otras dos mujeres, Oshún y Oyá. La guerra empieza a devastar el hogar, escasea la comida, Obba se desespera porque no tiene comida que hacerle a su guerrero. Un día le dice a Oyá, “Yo haría cualquier cosa porque Changó me amara”, y Oyá le dice que se corte la oreja y se la cocine en el kalalú. Obba lo hace sin saber que eso era sólo una trampa para alejarlo de ella. Cuando él está comiendo su kalalú, Oyá le dice, “¿ahora te dedicas a tener mujer con defecto? Dile a Obba que se quite el pañuelo”.

Entonces Changó le pide a Obba que se quite el pañuelo “para besarla desde los ojos hasta las orejas”, en una siesta inusual. Desde entonces la repudia, porque él desprecia a las mujeres con defectos físicos.

Obba es la historia de un sacrificio de amor en vano. Tal vez es de las muy escasas historias de amor yorubas, porque esa es una religión donde el amor escasea, y se privilegia la guerra. Obba es un santo puro, se viste de rosado, es la musa yoruba, es el símbolo de la más alta riqueza intelectual.

Exilia Saldaña, poeta, narradora, investigadora de las religiones de origen africano asentadas en la isla, en su cuento Obba, relata los elementos principales de este patakín o camino. Especialmente los niños y los jóvenes se beneficiaron de la obra de esta cantora ya fallecida.

En 1987 Saldaña publica su libro Kele Kele (que en yoruba quiere decir “suavecito”) en donde está incluido el pequeño cuento Obba, que el director Eddy Díaz Souza lleva a escena con fidelidad pero con las técnicas y los plus de la danza, la economía de escenografía, el desdoblamiento de la actriz en otros personajes, entre otros valores.

La actriz cubana Oneysis Valido cuenta con todo para encarnar a Obba, es frágil como un junco, su cuerpo se dobla y se desdobla como el viento, tiene un color de piedra preciosa, una voz dulce como aquella con que Obba le hablara a Changó. Su actuación es magnífica, la interpretación que hace de los bailes africanos es extraordinaria. Hace que prevalezca la palabra hablada, que domina sobre los otros elementos teatrales, empequeñecidos o excluidos. Obba es una obra ahora hecha casi solamente de palabras habladas, y con palabras puede agregar una relectura del mundo de las orisha.

Obba es una obra narrativa convertida muy bien por su director en texto dramático. Un texto formado sólo de dirección de acción para la actriz. Acción en griego se dice drama. Es decir, Obba es un drama hecho de drama puro.

Díaz Souza ha encontrado su campo cero, recombinar los elementos del teatro en formas inéditas. Cuenta con un equipo que ha garantizado una escenografía prudente y armoniosa, a cargo de Manolo, sin excesos de los elementos religiosos, una coreografía sensual de Belma Suazo, el maquillaje sobre lo café y el blanco le da una luz de ternura a la actriz, obra de Adela Prado, los títeres de Joms Higuerey son precisos en la expresión de símbolos, así como las luces y los reflejos en rosa que consiguen la poeta Elena Montes de Oca y Rolando G. Santini hacen de Obba una obra de placer.•

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