Wednesday, April 9, 2014

Una ronda de erotismo y sexualidad


Una ronda de erotismo y sexualidad

Especial/El Nuevo Herald

Una agitación en círculo de pasiones eróticas, una cadena de aventuras sexuales azarosamente conectadas, un movimiento galopante de deseos y frustraciones conforman La ronda (1897), drama del austríaco Arthur Schnitzler y el más reciente estreno de Akuara Teatro. El elenco de diez actores, dirigido por la experimentada actriz cubana Ana Viña, actualiza con la estrategia de un deliberado anacronismo la nostalgia de aquella dramaturgia propia del primer expresionismo alemán al estilo de la Belle Epoque.
Escenas independientes que no obedecen a la unidad de una acción central (como no sea el propio tema de la cópula) se encadenan mediante la interrelación de personajes tipos que saltan de una alcoba a otra con la misma velocidad con que se visten y desvisten. Cada uno de estos cuadros, alrededor de una gran cama roja y delante del fondo pictórico de Miguel Ordoqui que ilustra el ambiente orgiástico, plantea un itinerario que comienza en los escarceos amatorios, atraviesa los juegos de acoplamiento previos a la mímica coital, para concluir en los sinsabores de la nulidad. El desarrollo de las pequeñas historias va desmontando convenciones sociales e hipocresías hasta revelar las simpáticas viñetas de una sociedad decadente.
La estructura cíclica y fragmentada de la puesta en escena incluye la sátira de las situaciones y los arquetipos finiseculares del siglo XIX, perfectamente comprendidos por nuestra contemporaneidad de fines del siglo XX y de principios del XXI. Pues la seducción del espectáculo se posiciona entre la sensualidad explícita y una crítica al vacío interior que la gimnasia sexual no ahoga tras un instante de placer.
Cuando el mayordomo entra para organizar la próxima escena, o ayuda en su desarrollo, apreciamos que el mayor reto del montaje consiste en la articulación dramática y conceptual de los cuadros y la recreación actoral del universo freudiano del texto. Pues en La ronda de Akuara Teatro no es tan evidente la intención vanguardista de Schnitzler, pero sí la experiencia de una feria de instintos postergados y desbordados, en la que se busca una cierta identificación del público durante la erótica danzaria del recorrido.• 
habeyhechavarria@gmail.com

Wednesday, February 5, 2014

"Conversación en tiempo de Bolero", los sueños de una inmigrante





El personaje de Purita es recreado por Marcia Arencibia-Henderson mientras Marcelino Valdés le pone música al monólogo. (LUIS LEONEL LEÓN)

"Conversación en tiempo de Bolero", los sueños de una inmigrante
(LUIS LEONEL LEÓN) DIARIO LAS AMERICAS.

La actriz cubana Marcia Arencibia-Henderson es acompañada por el bolerista Marcelino Valdés en esta puesta en escena que se presenta en Teatro Akuara


 
Quien quiera conocer la historia de una emigrante, que por estos días barre boleros, pero anhela montar un bar propio para cantar todas las noches, entonces puede disfrutar esta Conversación en tiempo de bolero con Marcia Arencibia-Henderson.

La carismática actriz camagüeyana, excelente profesora y coach de actuación, tiene una larga experiencia en teatros, emisoras de radio y televisión de Cuba, Venezuela y Miami.

Sus simpáticos personajes se recuerdan en películas como El elefante y la bicicleta (Cuba) y Santera (Venezuela). En Caracas tuvo mucho éxito la obra Piano de cola. En Miami ha trabajado delante y detrás de las cámaras, en las emisoras La Poderosa y Cadena Azul, protagonizó la comedia Cachita mía, junto a Pedro Rentería y Gellerman Baralt, y Cuentas pendientes, dirigida por Alberto Sarraín.

De su más reciente obra, Conversación en tiempo de bolero, conversamos para DIARIO LAS AMÉRICAS.

Los monólogos para ella son un “solo de actuación”. Un género con el que no todos los actores logran seducir la atención del público una hora y media.

"Nunca me interesaron mucho los monólogos, por temor quizás, por respeto al público. Pero en Miami me llamó la atención el formato de los café-teatro y quise probarme. Este he presentado con éxito en varios sitios como La Casa de la Medina, que abrió la cantante Mirta Medina, y ahora Yvonne López Arenal me convenció de reponerlo ofreciéndome gentilmente la sala de Akuara, y me dije ¿por qué no?".
       
Conversación en tiempo de bolero cuenta los avatares de Purita, una emigrante en Miami. Es cubana, pero su historia puede ser la de cualquier latina que intenta abrirse camino en Estados Unidos.

"Limpia pisos para ganarse la vida, pero siempre soñó ser una famosa cantante de boleros. Mientras cuenta su odisea incorpora diferentes roles, el padre, la madre, una santera. Y a todo eso le pone música Marcelino Valdés".

Dos elementos del texto bastaron para cautivar a esta actriz.

"La posibilidad de probarme en un género que no había explorado mucho, y sus guiños con la comedia, un género que siempre disfruto mucho".

Esta nueva versión tiene un valor agregado: la actriz no está sola en escena, lo cual trasciende el monólogo más clásico, aunque en otras obras suele aparecer la figura del cantante. En este caso la acompaña el bolerista Marcelino Valdés, sobrino de Vicentico Valdés, quien décadas atrás popularizó justamente la canción que da título a esta obra.

"Me doy el lujo de estar acompañada de un intérprete de su talla. Anteriormente usé grabaciones de boleros, pero ahora él canta en vivo, y también incorpora algunos roles, personajes de referencia, que en el texto original nunca aparecen en escena".

Conversación fue escrita por Luis Agüero especialmente para Marcia. Y justo cuando la actriz preparaba la primera puesta en escena, Marcelino acababa casi de grabar un disco homenaje a su tío donde había incluido esta canción.

"Lo llamé para invitarlo a que cantara ese bolero al inicio del espectáculo, con mucha pena y con el temor que me dijera que no. Pero para mi sorpresa accedió sin reparos. Y en esta segunda vuelta él mismo tuvo la idea y el deseo de participar más".

Marcelino, además de una voz hecha para el bolero, posee cualidades histriónicas y le encanta actuar. En 2110 interpretó a Bola de Nieve en el musical El Bola: Cuba´s King of Song, a partir de un guión de Héctor Quintero, estrenado en el Gala Hispanic Theatre de Washington DC, ganándose el elogio del público y la crítica.

"Trabajar con él es un placer, no solo porque es un gran artista sino también un gran ser humano. Hacer teatro es muy duro y él es una persona muy optimista, con un sentido del humor extraordinario. No hay un día que Marcelino no me haga reír. Le estaré siempre muy agradecida".

Para la mayoría de los actores, subirse al escenario y dirigirse a sí mismo, es una ardua tarea.

"Se extraña al director. Nos acostumbramos a tener a alguien del otro lado observándote, dándote notas y generando ideas para ti. Así que cuando me vi sola, con toda esa responsabilidad, a veces me dije: '¿quién me habrá mandado a meterme en esto?'. Por suerte he tenido a Marcelino apoyándome. También agradezco al actor y director José Antonio Orta, con quien compartí en la obra Huevos, que amablemente vino a uno de los ensayos y todas sus observaciones y sugerencias fueron muy acertadas".

Varios son los atractivos que pueden cautivar al público de Miami.

"No pocos se verán retratados en este espejo. Tal vez se rían de lo que un día los hizo llorar. Las cosas que le pasan a Purita, ¿a quien no le han pasado al llegar a este pueblo? El otro día al terminar uno de los ensayos, un integrante del equipo se me acercó a decirme que también tenía un amigo que llegó al aeropuerto y no había nadie esperándolo. Luego me confesó, muerto de risa, que no fue a un amigo, que le pasó a él mismo. Por suerte tenemos esa gran capacidad de reírnos de nuestros traumas. Y eso se puede sentir con esta obra".

http://www.diariolasamericas.com/vida-y-artes/conversacion-bolero-suenos-inmigrante.html

Akuara Teatro, Marcia's Studio  and Instituto Cultural René Ariza
Reservation: 786 8531283
Akuarateatro1@aol.com



Thursday, June 27, 2013

“ESTRENAR EN MIAMI”


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PRO TEATRO CUBANO

con la colaboración de Akuara Teatro y el ICRA.
 
los invita a
 
“ESTRENAR EN MIAMI”
con motivo del estreno mundial de
LA SAL DE LOS MUERTOS
de 

Matías Montes Huidobro

Una conversación informal con Mario García Joya, Presidente, Instituto Cultural René Ariza; Orlando Rossardi, poeta, dramaturgo y editor; Christian Ocón, actor y director escénico; el elenco de la obra; y el autor de la misma, Matías Montes Huidobro.

Escrita hace más de medio siglo, sin estrenar ni en Cuba ni en el exilio, este montaje es significativo de lo duro que es hacer teatro en medio de un conflicto histórico y de la vigencia que puede tener lo que se escribió hace más de cincuenta años. Los esperamos” (MMH)

Julio 6, 2013, a las ocho de la noche en Akuara Teatro
4599 WW 75 Ave. Miami, Fl. 33155

Todos los asistentes recibirán un ejemplar gratis de “Cuentos breves y brevísimos de René Ariza”, (cortesía de Juan Manuel Salvat, Ediciones Universal), figura representativa del teatro de la crueldad, del cual se leerán algunos textos, seguido de un brindis.

LA SAL DE LOS MUERTOS subirá a escena en Akuara Teatro, en Miami, dirigida por Christian Ocon, durante tres fines de semana los sábados (a las ocho y treinta de la noche) y los domingos (a las cinco y treinta de la tarde) los días 27 y 28 de julio, 3, 4, 10 y 11 de agosto (informes y reservaciones, 305 640 2422). Con luces y sonido de Mayito, el reparto está formado por Jorge Ovies, Orquídea Gil, Ivette Kellems, Orestes Graupera, Lisette Jiménez y Yoelvis Batista. Asistente de dirección: Carlos Laso. Maquillaje/Vestuario: Alejandro Galindo.

Venta anticipada: $20.00. Con descuento para personas mayores de 65 años, estudiantes con identificación y grupos de más de seis personas.


Saturday, June 1, 2013

Palabras de la entrega del premio por Matías Montes Huidobro

Foto: Ulises Regueiro. Matías Montes Huidobro.

LESBIA ORTA VARONA RECIBE EL PREMIO RENÉ ARIZA 2013
Palabras de la entrega del premio por Matías Montes Huidobro,
Presidente, Instituto Cultural René Ariza.

Palabras de Matías Montes Huidobro.

Cuando asumí la presidencia del Instituto Cultural René Ariza, a partir de una invitación de la directiva, aproximadamente a mediados del año 2011, en que el Premio René Ariza le fue otorgado a tres figuras representativas del teatro cubano, Manuel Reguera Saumell, Iván Acosta y Miriam Lezcano, mi primera consideración fue la siguiente: “¿Qué podía hacer yo para mantener vigente el legado teatral de la dramaturgia del exilio y que dejara sus huellas en el teatro cubano como una actividad patrocinada por el Instituto Cultural René Ariza?” La coincidencia de que en el año 2013 se celebrara el centenario del nacimiento de quien fuera la figura cimera del teatro cubano del siglo XX, maestro de toda una dramaturgia, me llevó a concebir el Congreso “Teoría y práctica del teatro cubano del exilio” bajo el lema de “Celebrando a Virgilio”, y lo que es más, con el propósito específico de que fuéramos nosotros como representantes del teatro del exilio, aquellos que nos hemos esforzados en mantener en pie el teatro cubano de la diáspora, y específicamente, el Instituto Cultural René Ariza, afincado en la memoria del propio Ariza, un exiliado arquetípico de todas las vicisitudes que representa hacer teatro fuera de Cuba, los que lleváramos adelante un evento internacional de este tipo, que quedaría como documento, no de mi trabajo, sino de la voluntad colectiva del teatro que, con tanto esfuerzo, ha seguido vigente desde esta orilla. Después se celebraron actividades inclusive mayor resonancia, tanto aquí como en Cuba, pero queda como hecho fundamental que el ICRA estuvo a la vanguardia de las mismas.

Por otra parte, un planteamiento adicional se imponía: dejar constancia de la vigencia de nuestro movimiento teatral, razón de ser del ICRA, mediante la exposición teórica de nuestra apabullada dramaturgia de la diáspora y la divulgación del trabajo realizado por sus autores, así como lecturas dramáticas que quedaran como ejemplo palpable, no sólo del trabajo de los dramaturgos, sino del talento y la pujanza de nuestros directores e intérpretes, su vitalidad y su amor al teatro. Por consiguiente, durante el 2012, el ICRA patrocinó, con la colaboración de diversas agrupaciones teatrales (Havanafama, Prometeo, Akuara Teatro, Miami Teatro Estudio, y otros grupos teatrales independientes) lecturas dramáticas, casi a nivel de montaje, de Julio Matas, José Corrales, Raúl de Cárdenas, y tres textos de Virgilio Pinera, gracias el esfuerzo y el sacrificio de actrices, actores y directores, que no menciono para evitar omisiones y no extenderme, siempre dispuestos a darlo todo por el teatro y siguiendo una tradición ya establecida desde hacía años por el ICRA.

Con la colaboración de escritores, académicos y profesionales teatrales, el ICRA, dentro del contexto mencionado de “Celebrando a Virgilio”, patrocinó una muestra sin precedente de 22 conferencias sobre Piñera, un panel sobre Una caja de zapatos vacía, 4 conferencias sobre José Triana, además de la presentación de sus Obras Completas y 4 ensayos, y 22 conferencias sobre la dramaturgia del exilio y sus autores más sobresalientes, rindiéndole homenaje a José Corrales, Julio Matas, Pepe Escarpanter, Herberto Dumé, Francisco Morín, Nattacha Amador, Teresa María Rojas y muy en particular a José Triana, que fue el dramaturgo invitado. Y como muestra de todo ello quedan los dos tomos de “Celebrando a Virgilio Pinera” (de venta en Amazon), en los cuales se deja prueba explícita de que el Instituto Cultural René Ariza está en perfecto estado de salud y cumpliendo con su compromiso teatral e histórico.

Quiero dejar bien aclarado, que nada de esto lo hice yo, que “Celebrando a Virgilio” y todas las actividades expuestas, son el producto de aquellos que participaron en las mismas y los que apoyaron el esfuerzo, la obra de todos ustedes como representantes del teatro cubano, y que yo me limité a hacer mi trabajo y planificarlo, de acuerdo con la responsabilidad por mí asumida como Presidente del ICRA, en las cuales me preceden manos más competentes que las mías y pasan a otras que mantendrán en pie los objetivos de esta institución, con nuevas ideas y renovada dinámica. Esto explica que, a partir de esta noche, ceso en mis funciones come Presidente del ICRA, pidiéndoles disculpas por cualquier falla que hubiera podido cometer, pero asegurándoles que todo mi trabajo se ha basado en una voluntad de servir al teatro del exilio en particular y al teatro cubano en general.

En el proceso democrático nacional (y en estos momentos me refiero a los Estados Unidos) estas posiciones no son vitalicias, y cada cual imprime su sello, lo que sirve para crear una dinámica móvil, diversificada, alterna, y al mismo tiempo permanente. Es por eso que mucho me honra, darles a conocer que la Presidencia del ICRA pasa a manos de Mario García Joya, internacionalmente reconocido, director de fotografía de más de noventa películas cubanas, incluyendo La última cena, Cartas desde el parque y Fresa y Chocolate, con subsiguientes trabajos fotográficos en los Estados Unidos; becado de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, honor particularmente prestigioso que con modestia proverbial rara vez menciona; el cual, además, dejando a un lado su brillante trayectoria en las artes gráfica y la fotografía en Cuba, es persona excepcional, amigo verdadero de muchos años, de una modestia absoluta, que pasará a mantener vigente la razón de ser del Instituto Cultural René Ariza Es para todos nosotros un privilegio que García Joya asuma la Presidencia del ICRA.

Finalmente, el hecho de que la entrega del Premio René Ariza del año 2013 se haga, específicamente, el día en el cual se conmemora el fallecimiento del Dr. José Escarpanter, en el Día Internacional de Teatro al cual se le diera su nombre, y a quien el ICRA le otorgó el Primer Premio Anual del 2006, por tratarse de una vida dedicada al teatro merecedora de los mayores reconocimientos; otorgado además por una institución realmente sin fines lucrativos, de fondos muy escasos, casi nulos, que ni siquiera conlleva costos para los “taxpayers”; en un contexto como el Teatro Akuara, Sala Avellaneda, que se edificó y ha subsistido, mano a mano y golpe a golpe, por la voluntad de ser teatral de Mario García Joya e Yvonne López Arenal; hace de este acto, la más auténtica, menos pomposa, y más legítima celebración del día Internacional del Teatro Cubano en honor de Escarpanter, en medio de este difícil mundo teatral y del exilio donde, precisamente, se nada entre tiburones. Como si no fuera poco, a esto hay que agregar que esta velada teatral haya sido coordinada en conjunción con la Fundación Cuatrogatos, con la presentación de diez monólogos escritos por diez autores, cinco actrices, un director y varios colaboradores, que forman parte legítimamente integral de la dramaturgia cubana del exilio.

Sólo me resta, para cerrar mi última intervención como Presidente del ICRA, honrar a una persona que bien se lo merece, la bibliotecaria Lesbia Varona, entregándole el Premio René Ariza del año 2013. Cabría preguntarse: ¿qué motivos ha podido llevar al Instituto Cultural René Arriza a otorgarle un premio “de teatro” a una bibliotecaria que a primera vista pudiera parecer distanciada del quehacer teatral? Las razones son múltiples, algunas de las cuales aparecen detalladas en las páginas de “Celebrando a Virgilio Piñera”, por su constante apoyo dentro del contexto del Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami a múltiples actos del ICRA y sus actividades como bibliotecaria al preservar y enriquecer el patrimonio teatral cubano y el carácter simbólico que hay detrás de este hecho, porque a pesar de la importancia del teatro como espectáculo en vivo, la permanencia histórica del mismo, dentro del acervo cultural de la nación, sólo puede estar vigente a través del texto escrito, como documento, como archivo histórico, que permita ir una y otra vez al punto de partida del quehacer escénico. Pero, sobre todo esto, la peculiaridad que tiene el Premio René Ariza 2013, es que no se le otorga ni a una actriz, ni a un actor, ni a ningún dramaturgo o dramaturga, director o crítico, sino que se transfiere en carne y hueso a una persona que, por su amor al teatro, transfiere la óptica del premio del escenario a la platea, y se va del que crea el espectáculo al que lo apoya y lo aplaude, volviendo a Lesbia Varona en una figura arquetípica del público sin el cual el todo del ser teatral no existe. Pocas veces el eterno teatral que va del libro al escenario ha sido tan perfecta y metafóricamente graduado como en esta ocasión.

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Mesa Directiva del Instituto Cultural René Ariza  en el año 2013
Presidente: Mario García Joya
Tesorero: Yvonne López Arenal
Dra Lilian Manzor, Orlando Rossardi, José Murrieta, Micheline Calvert y Carlos Rodríguez.

Thursday, May 30, 2013

Día de la Dramaturgia y el Teatro Cubano del Exilio


Foto: Pedro Portal. Micheline Calvert, Yvonne López Arenal, Eddy Díaz Souza, Teresa María Rojas, Mabel Roch y Laura Zarrabeitia.
 Día de la Dramaturgia y el Teatro Cubano del Exilio

El Nuevo Herald
Arturo Arias-Polo
aarias-polo@elnuevoherald.com

Con Palabras al filo, lectura de 10 monólogos de escritores cubanos exiliados a cargo de cinco actrices de Miami, la Fundación Cuatrogatos y Artefactus Cultural Project se suman a una serie de celebraciones por El Día de la Dramaturgia y del Teatro Cubano del Exilio que se realizarán este fin de semana en Miami y Nueva York.
En el evento, programado para hoy jueves en Akuara Teatro, a las 8 p.m., la bibliotecaria Lesbia Orta Varona, del Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami, recibirá el Premio René Ariza 2013 de manos del dramaturgo Matías Montes Huidobro, presidente del Instituto Cultural René Ariza.
Las actrices Teresa María Rojas, Laura Zarrabeitia, Yvonne López Arenal, Mabel Roch y Micheline Calvert leerán monólogos con temática femenina originales de Eduardo Manet, Nilo Cruz, Matías Montes Huidobro, Antonio Orlando Rodríguez, Julio Matas, Eddy Díaz Souza, Pedro Monge Rafuls, Salvador Lemis, Raúl Alfonso y Cristina Rebull. El grupo de escritores reside en Estados Unidos, Francia, México y España. Varios de ellos asistirán a la actividad.
Lesbia Orta Varona fue seleccionada para recibir el Premio René Ariza 2013 “por la ayuda prestada a los investigadores cubanos interesados en el teatro y las artes escénicas; su interés en mantener abierta la comunicación bibliográfica entre todos los cubanos con el propósito de preservar el patrimonio nacional [fuera de la isla] y su apoyo al teatro que se produce en Miami y a las actividades del Instituto Cultural René Ariza”, reza el comunicado a la prensa.
El Día de la Dramaturgia y del Teatro Cubano del Exilio se instituyó a principios de año por el Ollantay Center for The Arts, de Nueva York, y Artefactus Cultural Project, de Miami, a través de una convocatoria enviada a decenas de agrupaciones culturales y artistas cubanos en el exilio.
Se escogió el 30 de mayo como recordación del fallecimiento del Dr. José A. Escarpanter, considerado el primer investigador que desde su emigración forzada registró las particularidades de la dramaturgia del exilio y contribuyó a su difusión, historicidad y corpus teórico.
La familia en el teatro cubano del exilio, El teatro cubano fuera de la Isla y La dramaturgia de José Corrales y el teatro posmoderno aparecen en la extensa lista de ensayos publicados por Ollantay Theater Magazine y el Centro de Documentacion Teatral de España.
Escarpanter prologó libros de José Abreu Felippe, José Triana y Matías Montes Huidobro, entre otros escritores nacidos en la isla. Además, prologó y editó Carlos Felipe. Teatro (Boulder, Colo., 1988), antología del prestigioso dramaturgo cubano.
Escarpanter, nacido el 17 de enero de 1933 en La Habana, ejerció como profesor de literatura en la Universidad de La Habana. En 1970 salió de Cuba rumbo a España, donde impartió Teatro Español Contemporáneo y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid durante 12 años. Desde 1982 hasta 1991, fecha de su retiro, trabajó en el Departamento de Lenguas Extranjeras de Auburn University, donde alcanzó la categoría de Profesor Emérito. Murió el 30 de mayo del 2011 en Auburn, Alabama.

Thursday, May 23, 2013

Contigo, pan y cebolla de Héctor Quintero




Fotos: Ulises Regueiro.
Archivo Digital de Teatro Cubano de la Universidad de Miami

presentan

Las dos últimas funciones de la temporada, sábado 25 a las 8:30 pm y domingo 26 a las 6:00 pm. Reservaciones 786 853 1283

4599 sw 75 Ave. Miami Fl. 33155
Bird Road Art District

Contigo, pan y cebolla original de Héctor Quintero

dirección artística y puesta en escena de Alberto Sarraín

Elenco (por orden de aparición)

Fefa Micheline CALVERT
Lala Yvonne López ARENAL
Lalita Liset JIMÉNEZ
Anselmo Carlos Alberto PÉREZ
Anselmito Andy BARBOSA
Fermina Mirian BERMÚDEZ
Pepe Pardo Yoelvis BATISTA
Alfredo Christian OCÓN

Wednesday, May 15, 2013

Día de la Dramaturgía y del Teatro Cubano del Exilio.



 La velada comenzará con la entrega del Premio René Ariza del año en curso que  le será otorgado a la bibliotecaria LESBIA ORTA VARONA del Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami con la presentación de Matías Montes Huidobro, Presidente del Instituto Cultural René Ariza.

Velada  Teatral.

Palabras al filo, un homenaje a la dramaturgia y al teatro del exilio cubano.
Fundación Cuatrogatos y Artefactus Cultural Project se han unido para producir la velada teatral "Palabras al filo (cinco actrices, diez monólogos y un atril)", que se presentará en Miami el jueves 30 de mayo, con la colaboración de Akuara Teatro. Más detalles sobre este evento, organizado para celebrar el Día de la Dramaturgia y del Teatro Cubano del Exilio.

Palabras al filo (cinco actrices, diez monólogos y un atril), con la colaboración de Akuara Teatro. El espectáculo contará con la participación de cinco destacadas actrices cubanas de diferentes generaciones: Micheline Calvert, Yvonne López Arenal, Mabel Roch, Teresa María Rojas y Laura Zarrabeitia. Ellas, en esta presentación única, leerán monólogos femeninos escritos por diez dramaturgos cubanos que actualmente radican en Estados Unidos, México y España: Raúl Alfonso, Nilo Cruz, Eddy Díaz Souza, Salvador Lemis, Eduardo Manet, Julio Matas, Pedro Monge Rafuls, Matías Montes Huidobro, Cristina Rebull y Antonio Orlando Rodríguez.

El evento tendrá lugar día 30 de mayo a las 8:00 pm.

4599 SW 75 Avenida.
Miami, FL. 33155
786 853 1283

Wednesday, April 24, 2013

Lesbia de Varona recibirá el Premio René Ariza

En la foto: Lesbia de Varona.


NOTA DE PRENSA


PREMIO RENÉ ARIZA 2013


El Premio René Ariza del año en curso le será otorgado a la bibliotecaria

LESBIA ORTA VARONA

Cuban Heritage Collection
University of Miami

por el ayuda prestada a través de muchos años a los investigadores cubanos interesado en el teatro y las artes escénicas en general, su interés en mantener abierta la comunicación bibliográfica entre todos los cubanos con el propósito de preservar el patrimonio nacional, incluyendo el teatro; pero también por su entusiasmo y aplauso al teatro que se produce en esta ciudad, y su apoyo, en el contexto del Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami, a las actividades del Instituto Cultural René Ariza, en el transcurso de los años desde su fundación.

El acto de entrega del Premio René Ariza tendrá lugar el día 30 de mayo Día de la Dramaturgía y del Teatro Cubano del Exilio, en la sede de Akuara Teatro, Sala Avellaneda, 4599 SW 75 Avenida.

Más información sobre esta actividad será actualizada antes de la fecha señalada.



Wednesday, April 3, 2013

Rosa Ileana Boudet: el intento y el precipicio




Rosa Ileana Boudet: el intento y el precipicio

Carlos A. Aguilera

Especial/El Nuevo Herald

Con libros como Cuba: viaje al teatro en la Revolución (2012), Luisa Martínez Casado en el paraíso (2011), Teatro cubano: relectura cómplice (2010), En tercera persona. Crónicas teatrales cubanas (2004), Morir del texto. Diez obras teatrales (1995), entre otros, Rosa Ileana Boudet es una de las investigadoras teatrales cubanas más sólidas de los últimos 40 años. Cosa que corrobora su actual blog ( www.rosaile.blogspot.com/) y sus innumerables textos inéditos. Aprovechando una pausa entre libro y libro le enviamos a su casa de Santa Mónica, California, unas cuantas preguntas para saber si andamos por buen camino. 

En los años 90s surgen una serie de autores teatrales muy importantes para la escena en la isla (Alberto Pedro, Víctor Varela, Joel Cano…) Para alguien que fue un testigo privilegiado en esta época, ¿cómo la definirías? 

Los trabajos críticos más importantes que circularon a finales de los años 1980 o un poco después intentaron explicarla como un momento de inconformidad e incertidumbre, escenificados como angustia, desenlaces sin resolución y “poco felices”, ambigüedad y parodia. Vino abajo el campo socialista y empezaron años de incontables dificultades materiales, el llamado periodo especial. Sin embargo, aunque es cruel decirlo, para el teatro fue una sacudida, porque, como es lugar común, la crisis hace que el espectador busque abrigo en ese espacio único de gratuidad y placer. 

¿Hace algún aporte esta generación de los años 1990 al teatro cubano? 

Desde luego, aportó. Alberto Pedro consiguió un cuerpo dramático sorprendente antes de los 50 años. Un realismo que toma de Brecht, el absurdo y la tradición cubana. Su descubrimiento culminó en París, donde se tradujo. Víctor Varela escribió sobre la angustia en el cuerpo de sus actores. Sin embargo, hubo una fractura, tal vez porque algunos emigraron(mos), la impresión que tengo es que no se vuelve demasiado sobre ellos. Te hablo sobre los textos y las publicaciones, puedo estar equivocada, hace más de seis años que no veo una representación; la última, Arte, de Jazmina Reza, dirigida por Carlos Díaz

Si hubiera que señalar una obra que de verdad haya sido un corte con los años 1980 y ponga un imaginario nuevo sobre la escena, ¿cuál sería?

En Morir del texto, creí que Joel Cano proponía esa “nueva figuración”. Su experimentación con la estructura, (acertijos, barajas, escenas sin continuidad) su poesía, y su aceptar negar la tradición cubana, la hacía una obra de apertura. Pero lo escribí en 1993. Después, aunque en un dossier de la revista Primer Acto hay algo de esa preocupación, me faltan más lecturas para explicar lo que ha ocurrido .

Durante muchos años en Cuba hubo una sobredimensión de Brecht, de su “distanciamiento”. ¿Es el autor de ‘Santa Juana de los mataderos’ más positivo o negativo para la escena en la isla?

Cuba es el país del Caribe, quizás de América Latina, con más y mejores montajes de Brecht. El de Ugo Ulive fue sensacional. En los años 1960 hay una aproximación naive al distanciamiento por parte de algunos autores (Piñera se burla de eso en El filántropo) . Cuando Vicente Revuelta hace Galileo..., incorpora la versión no publicada, la del final en el que Andrea saca clandestinamente los manuscritos. Hizo un juego con todo aquello, fumaba de una caja de cigarros Populares e introdujo un coro de jóvenes. No nos hizo daño Brecht sino la ortodoxia, la amnesia, la dogmatización. Cuando Mario Balmaseda dirige La panadería, es un montaje cubano, no brechtiano, con payasos de la tradición nuestra. Habría que releer el Brecht de los Diarios , el de Walter Benjamin, no el instrumentalizado, sino el transgresor. 

Hablando de transgresiones, aparte de tu monólogo teatral (leído en Miami), has escrito algo nuevo y en otros géneros en los últimos años?

Sí, tengo mucho guardado, engavetado, tres versiones de esto, dos de aquello, cuentos, una noveleta... Visa de fiancé, que no sé lo que es, y hasta un intento de ficción histórica. Todo está en la sombra. Es difícil saber si algo vale la pena. Desde la mención en el concurso del Tren en España del 2001, no publico narrativa, salvo los cuentos que han circulado a partir de Estatuas de sal , la antología de Mirta Yáñez y Marilyn Bobes, y cuando hay un vacío así, intentarlo es como caer de un precipicio  

Tuesday, March 12, 2013

Día Internacional del Teatro




27 de Marzo de 2013. Día Internacional del Teatro

Texto de Darío Fo.
Traducción de Fernando Ber.

Hace mucho tiempo, el poder tomó una decisión intolerante contra los comediantes al expulsarlos del país.

Actualmente, los actores y las compañías teatrales tienen dificultades para encontrar escenarios públicos, teatros y espectadores, todo a causa de la crisis.

Los dirigentes, por tanto, ya no están preocupados por controlar a aquellos que les citan con ironía y sarcasmo, ya que no hay sitio para los actores, ni hay un público al que dirigirse.

Por el contrario, durante el Renacimiento, en Italia, los que gobernaban, tuvieron que hacer un esfuerzo importante para mantener a raya a los Comediantes, pues reunían abundante público.
Se sabe que el gran éxodo de actores de Commedia dell’Arte tuvo lugar en el siglo de la Contrarreforma, que decretó el desmantelamiento de todos los espacios teatrales, especialmente en Roma, donde fueron acusados de ofender a la ciudad santa.

En 1697, el Papa Inocente XII, bajo la presión de insistentes requerimientos del ala más conservadora de la burguesía y de los máximos exponentes del clero, ordenó la eliminación del Teatro Tordinona que, según los moralistas, había acogido el mayor número de representaciones obscenas.

En la época de la Contrarreforma, el cardenal Carlos Borromeo, que estuvo activo en el norte de Italia, se consagró a la redención de los ‘niños milaneses’, estableciendo una clara distinción entre el arte, como la máxima expresión de educación espiritual, y el teatro, la manifestación de lo profano y lo vanidoso. En una carta dirigida a sus colaboradores, que cito de memoria, se expresa más o menos así: “Los que estamos resueltos a erradicar las malas hierbas, hemos hecho lo posible por quemar textos que contienen discursos infames, para extirparlos de la memoria de los hombres, y al mismo tiempo perseguir a todos aquellos que divulgan esos textos impresos.

Evidentemente, sin embargo, mientras dormíamos, el diablo maquinó con renovada astucia. ¡Hasta qué punto es más penetrante en el alma lo que los ojos pueden ver que lo que puedan leer de los libros de ese género! ¡Hasta qué punto más devastadora para las mentes de los adolescentes y niños es la palabra hablada y el gesto apropiado, que una palabra muerta impresa en un libro. Por tanto es urgente sacar a las gentes de teatro de nuestras ciudades, como lo hacemos con las almas indeseables.”

Por tanto, la única solución a la crisis se basa en la esperanza de que se organice una gran caza de brujas contra nosotros y especialmente contra la gente joven que desea aprender el arte del teatro: Una nueva diáspora de Comediantes que, desde tal imposición, sin lugar a dudas provocará beneficios inimaginables por el bien de una nueva representación.

Thursday, March 7, 2013

TEATRO DEL EXILIO EN LA HABANA


                           
  
TEATRO DEL EXILIO EN LA HABANA 

       Por Pedro Monge Rafuls, dramaturgo / director de  OLLANTAY Center for the Arts

       Escritores y editores cubanos buscan por estos días proceder con distintos asuntos esenciales frente a la aparición de un nuevo fenómeno social y político; entre ellos, está echarle una mirada ---por lo general, primeriza--- a la literatura escrita fuera de Cuba, de la diáspora llaman a lo que nosotros llamamos del exilio. 

       Estos artistas, editores, investigadores, escritores y teatristas que nos buscan, aprovechando limitadas aperturas que —sin embargo, no esperaban—, aportan nuevas perspectivas al cambio cultural y artístico que necesita nuestra estropeada y retrograda nación, tanto en la Isla como en nuestro exilio. Débil el cuento de las dos orillas: revolución vs. exilio, el momento es interesante y adecuado para la recuperación de la nacionalidad cultural y rescatar cuanto intelectual, escritor y artista muerto o vivo —joven o maduro— sea necesario, haya comenzado su trabajo en la Isla antes de partir o en el exilio, desde Jorge Mañach a Gustavo Pérez-Firmat; desde los novelistas Lino Novás Calvo, Guillermo Cabrera Infante, Hilda Pereras, Reinaldo Arenas  a Antonio Orlando Rodríguez, Severo Sarduy, Mayra Montero, José Raúl Bernardo, Miguel Correa; desde los poetas Eugenio Florit, Heberto Padilla a José Kozer, Jesús Barquet, Maya Islas; y desde los dramaturgos Marcelo Salinas, Julio Matas, José Triana, Eduardo, Manet Matías Montes Huidobro (también trabajan otros géneros) a Manuel Martín, José Corrales, Eduardo Machado, Iván Acosta, Eddy Díaz Souza.

     En el 2011, gracias al investigador teatral  Ernesto Fundora, entré en contacto con la joven estudiosa Yohayna Hernández, profesora del Instituto Superior de Arte (ISA). Pronto nos vimos hablando de un evento —hasta entonces posible solo en sueños— de presentar la lectura de siete obras del exilio en La Habana, a cargo de Casa Editorial Tablas-Alarcos, donde ella trabaja, y OLLANTAY Center for the Arts, institución que yo dirijo en Nueva York. En febrero 2012, en La Habana, se leyeron: Vida y mentira de Lila Ruiz de José Corrales; La belleza del padre de Nilo Cruz; Se ruega puntualidad de Pedro Monge Rafuls; La fiesta de José Triana (la última obra del gran dramaturgo, que ahora se leía en Cuba, mientras que ha sido —continúa siendo— desconocida y tenida a menos en el exilio); El súper de Iván Acosta, dedicada a los nueve millones de presos en Cuba y que, como Sanguivin en Union City de Manuel Martin, marca un momento en la dramaturgia y la literatura cubana del exilio y una obra que por su tema, nadie nunca pudo pensar que se pudiera conocer de alguna forma en Cuba: Exilio de Matías Montes Huidobro. El evento no tenía precedente. Hasta ese momento, particularmente en el teatro, todo había sido de allá para acá. 

      Las lecturas fueron interpretadas por jóvenes y, según me cuentan, las salas se llenaron de ellos. Sus comentarios enfatizaban la necesidad de que tales obras subieran a escena y muchas otras propuestas que los exiliados deseaban oír por años.  

      En el 2012, un grupo de amigos y colaboradores de Manuel Martín (Virginia Arrea, Felipe Gorostiza, Adolfo Vázquez, Gloria Zelaya y el que esto escribe), nos dimos a la tarea de celebrar el treinta aniversario del montaje de Union City Thanksgiving en Nueva York. El exilio cubano no es dado a reconocer a sus figuras —aunque sí muy proclive a destruirlas— y OLLANTAY y los amigos de Martín no queríamos dejar escapar la oportunidad de celebrar al gran artista. OLLANTAY hizo un llamado público a todos los teatristas a unirse a la celebración. Omar Valiño, director de Casa Editorial Tablas-Alarcos, se ofreció a colaborar a presentar la celebración en La Habana, un sueño largamente acariciado por Manuel Martín que deseaba que sus obras se conocieran en La Habana y que su madre las pudiera ver (Hispanic Immigrants Writers And The Family, OLLANTAY Press, 1989, 91).

     El 15 de febrero de 2013 comenzó a cumplirse el sueño de Manuel Martín y de todos los artistas que desean que se les coloque en el espacio al que tienen derecho, sin censuras. Este pasado viernes 15 de febrero, se inauguró la galería del Complejo Cultural Raquel Revuelta, con una exposición de fotos que resumían casi la totalidad de su teatro, facilitadas por OLLANTAY Center for the Arts, fundamentalmente, y por el Cuban Theater Digital Archive de la Universidad de Miami. La galería estaba repleta de jóvenes y no tan jóvenes, interesados en conocer el teatro de Manuel Martín. Omar Valiño tomó la palabra para presentar la exposición y al dramaturgo. Pedro Monge Rafuls, que habló de la importancia de este autor/director en el teatro neoyorquino y presentó a Felipe Gorostiza, un actor que trabajó continuamente en el teatro de Martín, y que ahora regresaba a La Habana, que abandonó cuando tenía once años, para dirigir las lecturas de las obras de Manuel. Gloria Zelaya, de origen nicaragüense, una colaboradora cercana a Martín, y figura del teatro latino neoyorquino, también ofreció su testimonio sobre el autor.

     El 18 de febrero de 2013 OLLANTAY Center for the Arts y Casa Editorial Tablas-Alarcos dieron inicio a las conferencias sobre la obra del autor/director homenajeado. Claudia B. Benitez Gómez, joven investigadora de la familia teatral cubana, graduada en la Universidad de La Habana, presentó su trabajo “Un Sanguivin a la cubana”; la profesora Lillian Manzor, de la Universidad de Miami, intervino con su ponencia “Manuel Martín y el teatro de off-off Broadway” y la profesora Carolina Caballero, de Tulane University,  expuso su trabajo “Vidas cubanas en el teatro americano”. Por su lado, Felipe Gorostiza, quien dirigió varias escenas de diferentes obras de Martín, profundizó sobre características de las mismas, mientras Gloria Zelaya se enfocó en La leyenda del grano de oro de café. Para quien escribe estas líneas, el momento cumbre fue cuando un asistente, un señor mayor, dio las gracias por la oportunidad de conocer la obra de Manuel Martín, agradeció que lo regresáramos a casa y deseó que se pudieran conocer otros autores del exilio. El público asistente rompió a aplaudir. Los tres días de evento terminaron con la lectura de Sanguivin en Union City, dirigida por Felipe Gorostiza con la actuación de Blanca Camacho, figura conocida en el teatro de Nueva York, que viajó a La Habana para la celebración y compartió la escena con jóvenes actores cubanos.

     Pero las actividades del teatro del exilio no quedaron en la celebración a Manuel Martín; la Casa Editorial Tablas-Alarcos presentó el viernes 15 de febrero, su tercer y último volumen de la antología, con selección de Omar Valiño y edición al cuidado de Ernesto Fundora, que recogió treinta obras de dramaturgos cubanos en los últimos cincuenta años y también, un hecho insólito, se incluyó en esta antología a nueve autores del exilio: José Triana, Matías Montes Huidobro, Iván Acosta, Manuel Martín, René Alomá, Pedro Monge Rafuls, Eduardo Machado, Nilo Cruz y María Irene Fornés. 

     Otro evento que destacó el teatro del exilio fue ofrecido por el dramaturgo y director David Camps, quien dirigió Las vidas del gato de Pedro Monge Rafuls, en la Sala Llauradó, con la actuación de Teresita Rúa, Tania Pérez James, Juan Julio Alfonso y el locutor Luis Alarcón Santana. A la lectura asistieron varias figuras del teatro y el cine cubano. En conversaciones surgidas al calor de la lectura, se celebró el hecho de que se presentara la obra de un autor cubano del exilio y se replanteó la necesidad de dar a conocer esta dramaturgia en el país.

    Los participantes de estas actividades, los del exilio y los de la Isla, estamos seguros de que fuimos parte de algo importante, especial e histórico, y estamos agradecidos de la acogida de los teatristas y del público habanero en general, por habernos acompañados en la presentación de un material teatral nuevo en Cuba.

“Contigo, pan y cebolla” en Miami.


 Diseño de tarjeta: Alvaro Martínez.


“Contigo, pan y cebolla” en Miami.
Por Max Barbosa – www.TeatroenMiami.com

Contigo,  pan y cebolla, texto del dramaturgo cubano Héctor Quintero (1942-2011), dirigido por Alberto Sarraín, se presenta en Akuara Teatro. El elenco lo integran: Fefa (Micheline Calvert), Lala (Yvonne López Arenal), Lalita ( Liset Jiménez), Anselmo (Carlos Alberto Pérez), Anselmito (Andy Barbosa), Fermina (Mabel Roch), Pepe Pardo (Yoelvis Batista) y Alfredo (José Quesada).

Héctor escribió la obra en el 1962, obteniendo mención en el Premio Casa de Las Américas con sólo veinte años de edad. Teatro Estudio la llevará a escena en 1964. Desde entonces, sus montajes han sido numerosos en Cuba. En Miami acontece por primera vez gracias a Akuara Teatro, La Má Teodora, también entidad teatral, y al Archivo Digital de Teatro Cuba perteneciente a la Universidad de Miami. Por este esfuerzo conoceremos las tribulaciones que aquejan a Lala Fundora para lograr el bienestar de su familia en un contexto falso en cuanto apariencias sociales pero el salario de Anselmo es insuficiente. Ni Lalita, Anselmito o Fefa escaparán a esta realidad, ni el refigerador que tanto añora Lala. Sin embargo, estamos en presencia de una comedia dramática, característica que le imprime al humor el protagonismo para meditar.  La acción se desarrolla antes de 1959.

Alberto Sarraín conservó los tres actos originales a modo de preservar los valores dramatúrgicos; de ahí la calidad de su puesta en escena en sentido general. Los personajes cuentan con la posibilidad de mostrar sus diversas facetas. En este sentido se hace evidente la experiencia de Yvonne, Michelin y Mabel con respecto al resto del elenco que cumple con los roles asignados adecuadamente. La borrachera de Anselmo, por ejemplo, no es esquemática porque el actor sólo la sugiere. Quizás esta sugerencia sea vital para lograr la alegría colectiva que se forma en la familia cuando los Anselmos cantan a duo La Mora, rememorando un estilo vocal del momento para festejar el supuesto aumento salarial del padre.

Uno de los mejores instantes es la muerte de Fefa por la energía que proyectan los personajes, energía que permanece durante la foto fija que finaliza el tercer acto. Hay que destacar la actuación de Yvonne porque el conflicto parte de Lala hacia los demás; si ellos no le creen, es imposible la fluidez que logran cuando se relacionan. Laborioso debió ser el montaje, sin dudas.

Mención aparte merecen la escenografía y decoración de Luis Suárez por lograr, parafraseando a Carpentier cuando se refirió a la arquitectura del Vedado,  el “estilo de lo sin estilo” propio de los interiores hogareños cubanos. Luis diseñó, además, el vestuario. Vital en el personaje de Lalita, Fermina o Pepe Pardo cuyo logotipo de General Electric incrustado en su camisa lo define. La banda sonora y el diseño de luces son creación de Mario García Joya;  joyas los dos. El hecho de que cada acto comience en penumbras puede considerarse premonitorio.

     Sí: Contigo, pan y cebolla es un don de acierto en Miami.

Contigo, pan y cebolla todos los viernes, sábados y domingos en el teatro Akuara situado en el 4599 SW 75 Ave. Viernes y sábados a las 8:30 pm de la noche y domingos a las 5:00 pm de la tarde. Las entradas pueden reservarse en el teléfono 786 853-1283. 

Enlaces relacionados. Tablas Alarco. Lanzar la flecha bien lejos.
Artefactus Magazine. El Nuevo Herald. Archivo Teatral Cubano. Miami en escena. Diario de Cuba. CUBAENCUENTRO. Zu Project.

Friday, December 28, 2012

DIA DE LA DRAMATURGIA Y DEL TEATRO DEL EXILIO




Foto: Luis de la Paz. En la foto José Escarpanter la noche en la que recibió el "Premio René Ariza 2005" reconocimiento que se otorga a personalidades del teatro cubano que viven fuera de la isla. 
 
DIA DE LA DRAMATURGIA Y DEL TEATRO DEL EXILIO

Las agrupaciones Artefactus Cultural Project, OLLANTAY Center for the Arts, Akuara Teatro: Sala Avellaneda,  Teatro Retablo,  Archivo Digital de Teatro Cubano, ArtSpokenPerforming Arts Center, Antihéroes Project, Institución Cultural Alba, TEATRO DEL ECLIPSE, Museo Cubano de Miami, Hispanic Cultural Promotions y los teatristas, Iván Acosta, Sara Aguilar Hernández, Magali Alabau, Diana Álvarez-Amell, Antia Arruez, Sylvia Baldeón, Jesús J. Barquet, Jorge Carrigan, Theodoris Castellanos, Martha Chávez, Alejandra Cossio del Pino, Julie De Grandy, Raúl de Cárdenas, Carlos Manuel Delgado Betancourt, Carmen Díaz, Eddy Díaz Souza, José Manuel Domínguez, Gina Escarpanter, Jorge Febles, Max Ferrá, Ileana Fuentes, Gerardo Fulleda León, Rita Geada, Mirza González, Olympia B. González , Orlando González, Luis González Cruz, Waldo González López, Yara González Montes, Armando González-Pérez, Gabriel Gorces, Adolfo Gutkin, Salvador Lemis, Yvonne López Arenal, Julio Matas, Lillian Manzor, Maricel Mayor Marsán, Yoshvani Medina, Marcelino Miyares, Pedro Monge Rafuls, Elena Montes de Oca, Matías Montes Huidobro, Ada Ortuzar-Young,  Carmen Peláez, Leandro Peraza Viso, Frank Prieto, Wilfredo Ramos, Manuel Reguera Saumell, Ulises Regueiro, Gerardo Riverón, Antonio Orlando Rodríguez, Teresa María Rojas, Pedro Román, Orlando Rossardi, Mercedes V. Ruiz, Evelio Taillacq, José Triana, Rodolfo Valdés Sigler, Luis Valverde Maceo, Lesbia O. Varona, Orlando Varona, Adolfo Vázquez,  Marianexy Yanes y Laura Zarrabeitia le invitan a celebrar ―comenzando en 2013---, el 30 de mayo, el Día de la Dramaturgia y del Teatro Cubano del Exilio

Las razones son múltiples y necesarias. Una ojeada al panorama teatral cubano del pasado siglo XX, nos devuelve la historia que, fruto de la ruptura, dio lugar a una rica y variada dramaturgia cubana en la franja del exilio. Siendo parte de la totalidad del teatro cubano, esta dramaturgia se configura y nutre en un nuevo contexto. Es una dramaturgia que se escribe por exiliados y que es llevada a escena por artistas, generalmente, también exiliados. La distingue en buena medida el tratamiento de sus temáticas, enfoques, modalidades y hasta el idioma con que, en muchas ocasiones, se escribe y presenta. Es un teatro que se fragua y se confronta en los escenarios de Miami, Chicago, Nueva York, Los Ángeles, o cualquier otra ciudad de los Estados Unidos, incluso en países tan distintos como Canadá, Colombia, Ecuador, México y Francia, entre otros. Es una dramaturgia y un quehacer de teatristas que, en muchas ocasiones, enfrentan grandes problemas de aceptación y también ―lamentablemente― de producción y representación; inconvenientes que, a corto y largo plazo, retrasan y frenan su natural crecimiento. 

En tal sentido, los firmantes coinciden en determinar una fecha para que los grupos y los hacedores de este teatro en particular, realicen alguna acción ―pequeña o grande― o cualquier tipo de producción teatral u homenaje, donde se reconozca los aportes de esta dramaturgia y se aplauda el quehacer de autores, actores, directores, diseñadores y demás artistas y colaboradores del teatro cubano del exilio. Es por ello que invitan a la comunidad cubana en el exilio en general, y a la teatral en particular, a enviar felicitaciones y mensajes cada 30 de mayo para aclamar una circunstancia teatral de la que son parte los teatristas del exilio. Se anima también a los amantes del teatro a respaldar y difundir las obras de teatro del exilio. Las agrupaciones teatrales pueden tomar parte de la celebración, todos los 30 de mayo, con lecturas dramatizadas, homenajes especiales o producciones teatrales basadas en textos de dramaturgos/as del exilio. Todas las actividades del Día de la dramaturgia y del teatro del exilio se difundirán por los medios de comunicación disponibles, por lo que deberán notificarse con antelación a la fecha.   

Se instituye el 30 de mayo como Día de la dramaturgia y del teatro del exilio por ser el día en que fallece el Dr. José A. Escarpanter, en Auburn, Alabama (2011). El Dr. Escarpanter nació en La Habana, el 17 de enero de 1933. Fue un riguroso crítico y estudioso del teatro, profesor de esta materia en la Universidad de La Habana. Asumió el exilio en la década de los sesenta y fue el primer investigador que, desde su emigración forzada, registró las particularidades de esta dramaturgia, evidenció la existencia de un teatro cubano exiliado con características propias y contribuyó a su difusión, historicidad y corpus teórico. 

Usted puede enviar la información sobre la actividad que va a realizar para que sea difundida a: OLLANTAYpm@aol.com (Nueva York) o artefactusteatro@gmail.com (Miami).

Recomponer una memoria fragmentada




Recomponer una memoria fragmentada

Cubanencuentro.

En los últimos años, Rosa Ileana Boudet ha dado a conocer cuatro libros de investigación que representan un valioso aporte al estudio del teatro cubano.

En 1961, una joven del barrio habanero de la Víbora comenzó a estudiar en la recién creada Escuela de Instructores de Arte. Para lograr el ingreso, se debe haber valido de alguna artimaña, pues no había cumplido aún los quince años que allí exigían a los alumnos. Como parte de la que iba a ser la primera promoción, allí tomó clases, entre otros profesores, con Rine Leal, Virginia Grutter, Luis Márquez, Félix Pita Rodríguez, Julio Martínez Aparicio. En 1963, en el acto de graduación realizado en el Teatro Mella fue designada para dar lectura al texto que constituía el Compromiso de los egresados.

En 1977, recreó las vivencias de aquella etapa de iniciación en una noveleta titulada Alánimo, alánimo. En la breve nota biográfica de ese libro se lee: “Trabajó como instructora de arte y creó grupos aficionados en los 60”. En efecto, tras concluir los estudios trabajó como instructora hasta 1965. Parte de esa labor la desarrolló en Isla de Pinos, a donde fue enviada junto con otros dos egresados. Al regresar a la capital se incorporó como titiritera en el Teatro de Muñecos de La Habana.
En 1967 volvió a las aulas, esta vez a las de la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana, en la cual se licenció en el aciago año de 1971. A partir de entonces, sus vínculos con el teatro pasaron a ser desde el campo de la crítica. Sus primeros comentarios vieron la luz, cuando aún era estudiante, en la revista Vida Universitaria y el diario El Mundo, y después en publicaciones como La Gaceta de Cuba, Juventud Rebelde y Cuba Internacional.

Esa actividad la prosiguió en Revolución y Cultura (1972-1978), de la que llegó a ser jefa de redacción, así como en Tablas (1982-1987) y Conjunto (1992-2000), revistas de las cuales fue directora. Asimismo su pasión por el arte escénico se plasmó en el libro Teatro Nuevo: una respuesta (1983). A ese título se sumaron la compilación de la antología Morir del texto (1995), así como los prólogos para las ediciones de Teatro La Yaya (1981), de Flora Lauten, Teatro (1982), de Albio Paz, Aire frío (1990), de Virgilio Piñera, Vagos rumores y otras obras (1997), de Abelardo Estorino, y El velorio de Pura (2001), de Flora Díaz Parrado.

Esa dedicación al teatro, primero como instructora y titiritera luego como crítica, no se ha extinguido ni menguado con el paso del tiempo. Casi medio siglo después, Rosa Ileana Boudet continúa desarrollando una labor que, en más de un sentido, a mí me parece admirable. Desde que en el año 2000 pasó a residir en Estados Unidos, ha proseguido su trabajo, que a partir de esta etapa se ha centrado fundamentalmente en la investigación. Ese esfuerzo ha cristalizado en la publicación de varios libros, a los que me referiré en este trabajo.

El primer título que Boudet dio a conocer tras radicarse en California fue En tercera persona. Crónicas teatrales cubanas: 1986-2002 (Ediciones de GESTOS, Irvine, 2004), cuya salida reseñé en su momento en este mismo periódico. Nada más lógico que iniciar esta nueva etapa de su vida con un balance de la actividad crítica desarrollada por ella en la Isla, a lo largo de más de tres décadas. Como entonces señalé, esos textos revelan la concepción del trabajo del crítico que Boudet tiene y lleva a la práctica.

En primer lugar, en sus artículos no hay espacio para el insulto, los comentarios sarcásticos e hirientes o el empleo de esta labor como ejercicio de poder. Asimismo aunque siempre hace evidente que se trata de su criterio personal, nunca es arrogante ni exhibe su protagonismo. En su esquema valorativo incluye además elementos ligados a su experiencia personal y existencial. No teme así expresar sus emociones como espectadora, convencida de que, tal como sostiene el español José Monleón, un crítico que elimina la emoción es un crítico mutilado, castrado. Es evidente también que escribe desde una actitud de amor y defensa del teatro, lo cual hace que al leer sus textos uno siente que está hablando de algo que siente como suyo. No asume, sin embargo, una postura paternalista, y no vacila al señalar defectos y aspectos no logrados.

El primer fruto de las investigaciones que emprendió en esta última década fue Teatro cubano: relectura cómplice (Ediciones de la Flecha, Santa Mónica, 2010, 390 páginas). En ese libro, como apunta Boudet en la nota introductoria, intenta revisar el teatro cubano de la etapa republicana “como si en un espejo se miraran dos láminas: la escena culta y la popular”. Para periodizar su estudio, propone una cronología diferente, pues opina que “las vigentes son en muchos casos equívocas”. Asimismo señala que debido a que muchos de los textos son de difícil acceso para el lector, asumió “las consecuencias de citar en exceso y dialogar con las obras, así como referirme a los actores y directores que las estrenan, pues el espectáculo es el sentido último de una obra dramática”.

Matiza juicios y opiniones

Aunque a lo largo del libro también se ocupa de teatristas y grupos, Boudet sustenta su análisis en la dramaturgia escrita en esos años y que no siempre subió a los escenarios. Su opción resulta lógica, pues esa es la principal fuente a la cual un investigador puede hoy acudir. Tampoco es que en ese sentido lo tuviera muy fácil: unas cuantas obras están recogidas en libros, pero otras solo vieron la luz en revistas de difícil acceso. Localizar todos esos textos implicó, evidentemente, una búsqueda laboriosa y paciente. Boudet además se preocupó de leer todo ese material, incluso aquellos textos que otros desdeñaron por considerarlos sin importancia o que sencillamente no leyeron. Esto último lo ilustra con un ejemplo. Cuenta que al comienzo de la investigación consultó en la Biblioteca Fernando Ortiz, antigua Sociedad Económica de Amigos del País, el ejemplar de 1919 de la revista Teatro Cubano donde se publicó María, de Ramón Sánchez Varona. Y anota: “Tenía sus pliegues intactos. Nadie lo había leído”.

Esa revisión tan exhaustiva de la dramaturgia de ese período no ha dado lugar a un panorama distinto del que hasta ahora teníamos. Pero sí viene a matizar algunos juicios y opiniones considerados canónicos y contribuye a configurar un panorama un poco más completo. Especialmente lúcidos son, a mi juicio, los capítulos dedicados a autores como José Antonio Ramos, Carlos Felipe, Flora Díaz Parrado, así como al Teatro Alhambra. En ellos Boudet desarrolla un concienzudo estudio e incluye inteligentes y sugestivas reflexiones. Es de destacar el esfuerzo que dedica a defender al autor de El Chino, quien a juicio suyo “conoce como ningún otro la escasa valoración de sus contemporáneos y es todavía víctima de juicios apresurados y superficiales”. Asimismo esa atenta lectura le permite descubrir conexiones y vínculos con autores y obras posteriores. Así, al analizar El ahogao, de Lino Novás Calvo, comenta: “La pieza, compleja y concentrada, con cuatro personajes masculinos y el primer y ¿único? desnudo del teatro cubano antes de 1959, anticipa el narcisismo de los machos de (Abelardo) Estorino en su ritual frente al espejo y la obra corta de diálogo cinematográfico que aparece en los sesenta”.

En el ensayo “Sobre las fuentes y el narrador en la Historia del cine cubano”, recogido en su libro Otras maneras de pensar el cine cubano, Juan Antonio García Borrero defiende la necesidad de emplear fuentes alternativas. “Lo ideal, expresa, sería narrar la historia del cine cubano según el paradigma de Rashomón”. A su manera, Boudet aplica un criterio similar, al ensanchar los límites de lo que suele considerarse bibliografía pasiva o crítica. Consciente de las enormes dificultades que conlleva el tratar de recomponer la memoria fragmentada de nuestra escena republicana, no duda en acudir a los materiales más diversos: memorias de teatristas, testimonios, novelas, epistolarios, crónicas periodísticas, así como a las entrevistas hechas por ella a figuras como Candita Quintana, Raquel Revuelta, Paco Alfonso, Eduardo Robreño.

Si dedicó, como ella afirma, varios años de investigación y relectura para redactar ese libro, era natural y perfectamente lógico que Boudet continuase aquel proyecto con Cuba: viaje al teatro en la Revolución (Ediciones de la Flecha, Santa Mónica, 2012, 304 páginas). Lo digo porque en la etapa que ahora abarca (1960-1989), ella siguió de manera puntual la actividad escénica. A lo largo de esas tres décadas comentó estrenos y festivales, trató personalmente a dramaturgos y teatristas, acompañó procesos de montajes, tomó parte en talleres y eventos teóricos, editó revistas, impartió clases a futuros teatrólogos. Es decir, que en este caso iba a analizar una experiencia que lejos de resultarle ajena, vivió muy de cerca. Eso la lleva a justificar el empleo de la primera persona en su discurso crítico, “porque equivocados, torpes o apasionados, mis escritos y mi labor de promoción acompañaron estos años”.

Esa condición privilegiada de ser testigo de primera mano permite que, en lugar de restringir su análisis al texto dramático, pueda valorar el hecho escénico en su totalidad. Así, al comentar el estreno en 1967 de María Antonia, de Eugenio Hernández Espinosa, apunta: “Hoy es difícil releerla sin recordar el color del vestuario de María Elena Molinet —concebido de acuerdo a la simbología de los orishas— o la imagen de Hilda Oates, la protagonista, de Elsa Gay como Cumachela, la majestuosidad del escenario, la recordada escena del mercado y los cantos y bailes del Conjunto Folklórico Nacional”. Eso hace que a lo largo del libro estudie el teatro como tal, pues se ocupa de los distintos elementos que lo integran y les da el valor que dentro del mismo les corresponde.
El libro realiza un recorrido panorámico por el teatro cubano contemporáneo. Lo inicia con el estreno de Aire frío (1988), de Virgilio Piñera, y lo cierra con la experiencia de La cuarta pared (1988), de Víctor Varela. Organiza ese viaje en veinticinco estaciones o capítulos, en los cuales examina los temas y hechos más significativos. Por ejemplo, dedica espacio a la eclosión dramatúrgica de la década de los 60, en la que se dieron a conocer autores como José R. Brene, Abelardo Estorino, Nicolás Dorr, José Triana, Tomás González, Manuel Reguera Saumell, Héctor Quintero, Matías Montes Huidobro. Asimismo analiza las obras de urgencia y agitación escenificadas en esos años. Otras páginas están dedicadas a los años 70, marcados por la grisura y el dogmatismo y por el surgimiento del llamado Teatro Nuevo. Boudet escogió 1989 como tope cronológico para cerrar el libro, por ser un año en “el que tantos hechos cambiaron el mundo”. Para la escena cubana, fue además el comienzo de un nuevo período, del cual “otros serán sus espectadores y otros sus críticos”.

Valoraciones justas y bien fundamentadas

Boudet logra una complentariedad y un equilibrio entre los elementos testimoniales e informativos y los elementos valorativos y críticos. Asimismo no interpreta el teatro a través de la biografía de sus creadores, pero tampoco rehúye acudir a los datos de esa naturaleza cuando es preciso. A partir de esa dinámica, tan alejada de la plúmbea pesadez del discurso académico, revisa las principales figuras y tendencias, ubicándolas en sus circunstancias temporales e ideológicas, así como en el contexto del arte escénico nacional. De igual modo que dedica amplio espacio a las “cumbres”, no desatiende a otras figuras menores, que si bien carecen de gran relieve contribuyen a documentar la riqueza del período objeto de análisis.

Esa relectura la lleva además a valorar con la objetividad que dan los años a autores sobre los cuales tenía una opinión menos favorable. Dos ejemplos son Héctor Quintero y Antón Arrufat, cuya producción dramatúrgica examina ahora con más justeza. De igual modo, vuelve autocríticamente sobre opiniones expresadas anteriormente por ella. En un trabajo de 1992, al referirse al repertorio anterior a 1959 apuntó que “reproducía las comedias banales de Broadway o intentaba un teatro de arte frente al comercialismo”. Lo reproduce para admitir que hoy sabe que más allá de que la revolución cambió la vida de todos los cubanos, “es una afirmación maniquea”, y que antes del 59 la escena cubana “tiene monumental riqueza y diversidad y no debiera establecerse un corte para su estudio”.

Como es evidente, asumir en solitario un proyecto como este lleva implícitos muchos riesgos. Algo de lo cual la propia Boudet era consciente cuando emprendió su ejecución. Una vez completado, se puede afirmar que ha cumplido sus objetivos con resultados muy satisfactorios. El libro se sustenta en valoraciones justas y bien fundamentadas, y a lo largo de sus páginas hallamos acertadas precisiones, enfoques originales, criterios propios. Como es natural, con algunas de las opiniones expresadas por ella se puede discrepar. Personalmente, uno de mis reparos es la falta de un índice onomástico, imprescindible en una obra de referencia. Asimismo la autora debería unificar la tipografía de los títulos de las obras, pues unos aparecen en cursivas, mientras que otros están entrecomillados, a la antigua usanza. Sin embargo, anoto esos señalamientos sin mengua del franco elogio que en conjunto Cuba: viaje al teatro en la Revolución me merece.

La preocupación por rescatar la memoria de nuestro teatro de las manos del olvido y del efecto destructor del tiempo, también llevó a Boudet a interesarse por la figura de la actriz Luisa Martínez Casado (1860-1925). A partir de la investigación realizada por ella en las fuentes bibliográficas a las que pudo acceder en California y La Habana, así como en una corta estancia en Cienfuegos, y de la consulta de varios archivos digitales de México y España, escribió el libro Luisa Martínez Casado en el paraíso (Ediciones de la Flecha, Santa Mónica, 2011, 294 páginas). Acerca del mismo, la autora redactó unas palabras de las que copio este fragmento:
“Es mi acercamiento biográfico a la vida de la actriz nacida en Cienfuegos desde que muy niña interpreta las obras de su padre, triunfa a los nueve años, alterna con Eloísa Agüero, trabaja con Paulino Delgado y se va a España a estudiar en 1878. ¿Cómo llega a Echegaray que le escribe un personaje sin haberla visto actuar? ¿Cómo se desarrolla su vida en la península y cómo algunos que la vieron la comparan con Sarah Bernhardt? ¿Cómo se podría imaginar su interpretación? ¿Y en México? Sería largo y detallado contarles los pormenores del libro que empieza con un capítulo dedicado a Luisita y termina con su «Último acto». (…) Y aunque me encantaría llenar todos los vacíos, contestarme todas las preguntas, visitar todos los puertos a los que ella llegó en el siglo XIX y los escenarios de tantos países de América y el Caribe, aquí está Luisa, de cuerpo entero, con su consagración al arte y a la interpretación en sus viajes y en sus periplos, en sus momentos cumbres y en sus quebrantos y , sobre todo, en fotografías desconocidas, lo más cercano a verla sobre el escenario y en los juicios, entre otros, del Conde Kostia, Julián del Casal, Olavarría y Ferrari y Gutiérrez Nájera”.

Una extraña entre los suyos

Tarea particularmente difícil era seguir desde su nacimiento la trayectoria de una actriz que murió hace más de ochenta años. Más aún, que desarrolló parte de su actividad profesional en España e Hispanoamérica, a donde la llevaron sus constantes giras. Armar lo que era un verdadero rompecabezas requirió, por tanto, una labor esforzada y paciente, además de una auténtica pesquisa detectivesca. Ha sido gracias a ello que la autora de Luisa Martínez Casado en el paraíso logró ganar ese desafío y materializó un retrato artístico y humano que parecía casi imposible de realizar.
La biografía sigue la vida de Luisa Martínez Casado desde su nacimiento. Da cuenta de su debut en los escenarios a los nueve años, interpretando las obras de su padre, defensor a capa y espada del gobierno colonial. Su descubrimiento en España por el dramaturgo José Echegaray. Su regreso a Cuba, donde se presenta en un Teatro Tacón repleto, pese a su conocida indiferencia ante la situación política que vive la Isla. La creación de su propia compañía, con la cual recorre exitosamente muchos países de habla hispana. Su retiro de la escena y de la vida pública, tras la muerte del esposo al que estuvo unida por más de treinta años. Su fallecimiento, tras una larga y penosa enfermedad, al parecer relacionada con el útero o la matriz.

Después de su muerte, Luisa Martínez Casado cayó en el olvido más absoluto. Como comenta Boudet al final de su libro, “ni siquiera en los teatros de su ciudad natal se registraron sus actuaciones. Hoy todavía se habla de cuando Caruso y Ana Pávlova actuaron en el Terry pero no hay una mención o una inscripción para la Martínez Casado. Sus fondos, bastante precarios, dicen bastante poco de la que viajó con decenas de baúles y una corte a su alrededor. Mientras las pertenencias de Modjeska se guardan en museos y la que llamó a los cubanos «indios con levita» sigue su andadura como mito, Luisa es casi una extraña entre los suyos”.

Uno de los aciertos del libro es la inteligencia con la que la autora ha sabido utilizar todos los materiales. En primer lugar, no se ahoga en los documentos y la información acopiados por ella en la rigurosa investigación. Sabe ir a lo esencial y consigue un justo balance, en el que los datos confirmados alternan con las intuiciones. Asimismo las etapas de la vida de la actriz se suceden ordenada y documentadamente, algo a lo cual se suma una narración fluida y coherente. En este sentido, es oportuno señalar que Boudet recurre en ocasiones a elementos propios de la literatura de ficción (conviene recordar que además de Alánimo, alánimo, ha incursionado en ese género con Este único reino y Potosí 11, dirección equivocada). Es algo que se advierte ya en el párrafo con que se inicia la biografía:

“Don Luis terminaba de arreglarse el traje y cerciorarse de cómo le quedaba el sombrero, muy entusiasmado porque esta noche iría a conocer a la Sra. Avellaneda, que accedía gustosa a dirigir la repetición de Alfonso Munio. Mañana será el estreno en su teatro. Y aunque se rumora que no todos están felices con la llegada de una hija predilecta después de veintitrés años en la madre patria, para él es una ocasión suprema, pues lo inaugurará la insigne poeta (…) Así que ni corto ni perezoso se dirigió al Paseo de Vives esquina a Argüelles y contempló el edificio, feliz como cuando en La Habana, dos años antes, en medio del auge de tonadilleros y saineteros, soñó con tener su propia compañía de cómicos”.

Aparte de esas tres ambiciosas obras de investigación, Boudet ha retomado su labor como compiladora con Los años de la revista Prometeo (Ediciones de la Flecha, Santa Mónica, 2011, 124 páginas). En las primeras 54 páginas hace un repaso de la trayectoria de esa publicación, fundada por Francisco Morín y que circuló de 1947 a 1955. A juicio de la investigadora, su lectura es fuente indispensable no solo para estudiar el grupo del cual tomó su nombre, sino el trabajo de otros actores, dramaturgos y directores de esa etapa. De ahí, comenta, “que su interés trasciende sus páginas y artículos para abarcar «los años» de creación del teatro del arte, en los que se pretenderá una escena vital, actualizada y relacionada con el mundo”.

Esa introducción da paso a una selección de artículos que aparecieron en la revista. Hay además un bloque sobre la polémica que suscitada por el estreno en 1948 de Electra Garrigó, de Piñera. Ahí se pueden leer los trabajos de Mirta Aguirre, Luis Amado-Blanco, Matilde Muñoz, María Zambrano, Manuel Casal, Héctor García Mesa y el propio Piñera. Hasta donde sé, es la primera vez que todos esos textos se reproducen y se ponen al acceso de lectores. El volumen se cierra con una bibliografía mínima de Prometeo y una galería de fotos que aparecieron en la revista.

Aparte de la muy valiosa aportación que representan esos cuatro títulos, Boudet coordina desde hace seis años el blog Lanzar la flecha bien lejos. Aprovechando las grandes posibilidades del ciberespacio, ha sumado ese otro espacio para proseguir su saludable tarea de rescate y divulgación de nuestro teatro. Aunque da cabida a textos de otros autores, es ella quien redacta la mayor parte de los posts. Se trata de notas escritas en un estilo periodístico, en las que comenta una fotografía, reseña la salida de un libro, anuncia un estreno inminente, da noticia de un hallazgo y, en fin, comparte flechazos con los lectores.