Wednesday, May 15, 2013

Día de la Dramaturgía y del Teatro Cubano del Exilio.



 La velada comenzará con la entrega del Premio René Ariza del año en curso que  le será otorgado a la bibliotecaria LESBIA ORTA VARONA del Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami con la presentación de Matías Montes Huidobro, Presidente del Instituto Cultural René Ariza.

Velada  Teatral.

Palabras al filo, un homenaje a la dramaturgia y al teatro del exilio cubano.
Fundación Cuatrogatos y Artefactus Cultural Project se han unido para producir la velada teatral "Palabras al filo (cinco actrices, diez monólogos y un atril)", que se presentará en Miami el jueves 30 de mayo, con la colaboración de Akuara Teatro. Más detalles sobre este evento, organizado para celebrar el Día de la Dramaturgia y del Teatro Cubano del Exilio.

Palabras al filo (cinco actrices, diez monólogos y un atril), con la colaboración de Akuara Teatro. El espectáculo contará con la participación de cinco destacadas actrices cubanas de diferentes generaciones: Micheline Calvert, Yvonne López Arenal, Mabel Roch, Teresa María Rojas y Laura Zarrabeitia. Ellas, en esta presentación única, leerán monólogos femeninos escritos por diez dramaturgos cubanos que actualmente radican en Estados Unidos, México y España: Raúl Alfonso, Nilo Cruz, Eddy Díaz Souza, Salvador Lemis, Eduardo Manet, Julio Matas, Pedro Monge Rafuls, Matías Montes Huidobro, Cristina Rebull y Antonio Orlando Rodríguez.

El evento tendrá lugar día 30 de mayo a las 8:00 pm.

4599 SW 75 Avenida.
Miami, FL. 33155
786 853 1283

Wednesday, April 24, 2013

Lesbia de Varona recibirá el Premio René Ariza

En la foto: Lesbia de Varona.


NOTA DE PRENSA


PREMIO RENÉ ARIZA 2013


El Premio René Ariza del año en curso le será otorgado a la bibliotecaria

LESBIA ORTA VARONA

Cuban Heritage Collection
University of Miami

por el ayuda prestada a través de muchos años a los investigadores cubanos interesado en el teatro y las artes escénicas en general, su interés en mantener abierta la comunicación bibliográfica entre todos los cubanos con el propósito de preservar el patrimonio nacional, incluyendo el teatro; pero también por su entusiasmo y aplauso al teatro que se produce en esta ciudad, y su apoyo, en el contexto del Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami, a las actividades del Instituto Cultural René Ariza, en el transcurso de los años desde su fundación.

El acto de entrega del Premio René Ariza tendrá lugar el día 30 de mayo Día de la Dramaturgía y del Teatro Cubano del Exilio, en la sede de Akuara Teatro, Sala Avellaneda, 4599 SW 75 Avenida.

Más información sobre esta actividad será actualizada antes de la fecha señalada.



Wednesday, April 3, 2013

Rosa Ileana Boudet: el intento y el precipicio




Rosa Ileana Boudet: el intento y el precipicio

Carlos A. Aguilera

Especial/El Nuevo Herald

Con libros como Cuba: viaje al teatro en la Revolución (2012), Luisa Martínez Casado en el paraíso (2011), Teatro cubano: relectura cómplice (2010), En tercera persona. Crónicas teatrales cubanas (2004), Morir del texto. Diez obras teatrales (1995), entre otros, Rosa Ileana Boudet es una de las investigadoras teatrales cubanas más sólidas de los últimos 40 años. Cosa que corrobora su actual blog ( www.rosaile.blogspot.com/) y sus innumerables textos inéditos. Aprovechando una pausa entre libro y libro le enviamos a su casa de Santa Mónica, California, unas cuantas preguntas para saber si andamos por buen camino. 

En los años 90s surgen una serie de autores teatrales muy importantes para la escena en la isla (Alberto Pedro, Víctor Varela, Joel Cano…) Para alguien que fue un testigo privilegiado en esta época, ¿cómo la definirías? 

Los trabajos críticos más importantes que circularon a finales de los años 1980 o un poco después intentaron explicarla como un momento de inconformidad e incertidumbre, escenificados como angustia, desenlaces sin resolución y “poco felices”, ambigüedad y parodia. Vino abajo el campo socialista y empezaron años de incontables dificultades materiales, el llamado periodo especial. Sin embargo, aunque es cruel decirlo, para el teatro fue una sacudida, porque, como es lugar común, la crisis hace que el espectador busque abrigo en ese espacio único de gratuidad y placer. 

¿Hace algún aporte esta generación de los años 1990 al teatro cubano? 

Desde luego, aportó. Alberto Pedro consiguió un cuerpo dramático sorprendente antes de los 50 años. Un realismo que toma de Brecht, el absurdo y la tradición cubana. Su descubrimiento culminó en París, donde se tradujo. Víctor Varela escribió sobre la angustia en el cuerpo de sus actores. Sin embargo, hubo una fractura, tal vez porque algunos emigraron(mos), la impresión que tengo es que no se vuelve demasiado sobre ellos. Te hablo sobre los textos y las publicaciones, puedo estar equivocada, hace más de seis años que no veo una representación; la última, Arte, de Jazmina Reza, dirigida por Carlos Díaz

Si hubiera que señalar una obra que de verdad haya sido un corte con los años 1980 y ponga un imaginario nuevo sobre la escena, ¿cuál sería?

En Morir del texto, creí que Joel Cano proponía esa “nueva figuración”. Su experimentación con la estructura, (acertijos, barajas, escenas sin continuidad) su poesía, y su aceptar negar la tradición cubana, la hacía una obra de apertura. Pero lo escribí en 1993. Después, aunque en un dossier de la revista Primer Acto hay algo de esa preocupación, me faltan más lecturas para explicar lo que ha ocurrido .

Durante muchos años en Cuba hubo una sobredimensión de Brecht, de su “distanciamiento”. ¿Es el autor de ‘Santa Juana de los mataderos’ más positivo o negativo para la escena en la isla?

Cuba es el país del Caribe, quizás de América Latina, con más y mejores montajes de Brecht. El de Ugo Ulive fue sensacional. En los años 1960 hay una aproximación naive al distanciamiento por parte de algunos autores (Piñera se burla de eso en El filántropo) . Cuando Vicente Revuelta hace Galileo..., incorpora la versión no publicada, la del final en el que Andrea saca clandestinamente los manuscritos. Hizo un juego con todo aquello, fumaba de una caja de cigarros Populares e introdujo un coro de jóvenes. No nos hizo daño Brecht sino la ortodoxia, la amnesia, la dogmatización. Cuando Mario Balmaseda dirige La panadería, es un montaje cubano, no brechtiano, con payasos de la tradición nuestra. Habría que releer el Brecht de los Diarios , el de Walter Benjamin, no el instrumentalizado, sino el transgresor. 

Hablando de transgresiones, aparte de tu monólogo teatral (leído en Miami), has escrito algo nuevo y en otros géneros en los últimos años?

Sí, tengo mucho guardado, engavetado, tres versiones de esto, dos de aquello, cuentos, una noveleta... Visa de fiancé, que no sé lo que es, y hasta un intento de ficción histórica. Todo está en la sombra. Es difícil saber si algo vale la pena. Desde la mención en el concurso del Tren en España del 2001, no publico narrativa, salvo los cuentos que han circulado a partir de Estatuas de sal , la antología de Mirta Yáñez y Marilyn Bobes, y cuando hay un vacío así, intentarlo es como caer de un precipicio  

Tuesday, March 12, 2013

Día Internacional del Teatro




27 de Marzo de 2013. Día Internacional del Teatro

Texto de Darío Fo.
Traducción de Fernando Ber.

Hace mucho tiempo, el poder tomó una decisión intolerante contra los comediantes al expulsarlos del país.

Actualmente, los actores y las compañías teatrales tienen dificultades para encontrar escenarios públicos, teatros y espectadores, todo a causa de la crisis.

Los dirigentes, por tanto, ya no están preocupados por controlar a aquellos que les citan con ironía y sarcasmo, ya que no hay sitio para los actores, ni hay un público al que dirigirse.

Por el contrario, durante el Renacimiento, en Italia, los que gobernaban, tuvieron que hacer un esfuerzo importante para mantener a raya a los Comediantes, pues reunían abundante público.
Se sabe que el gran éxodo de actores de Commedia dell’Arte tuvo lugar en el siglo de la Contrarreforma, que decretó el desmantelamiento de todos los espacios teatrales, especialmente en Roma, donde fueron acusados de ofender a la ciudad santa.

En 1697, el Papa Inocente XII, bajo la presión de insistentes requerimientos del ala más conservadora de la burguesía y de los máximos exponentes del clero, ordenó la eliminación del Teatro Tordinona que, según los moralistas, había acogido el mayor número de representaciones obscenas.

En la época de la Contrarreforma, el cardenal Carlos Borromeo, que estuvo activo en el norte de Italia, se consagró a la redención de los ‘niños milaneses’, estableciendo una clara distinción entre el arte, como la máxima expresión de educación espiritual, y el teatro, la manifestación de lo profano y lo vanidoso. En una carta dirigida a sus colaboradores, que cito de memoria, se expresa más o menos así: “Los que estamos resueltos a erradicar las malas hierbas, hemos hecho lo posible por quemar textos que contienen discursos infames, para extirparlos de la memoria de los hombres, y al mismo tiempo perseguir a todos aquellos que divulgan esos textos impresos.

Evidentemente, sin embargo, mientras dormíamos, el diablo maquinó con renovada astucia. ¡Hasta qué punto es más penetrante en el alma lo que los ojos pueden ver que lo que puedan leer de los libros de ese género! ¡Hasta qué punto más devastadora para las mentes de los adolescentes y niños es la palabra hablada y el gesto apropiado, que una palabra muerta impresa en un libro. Por tanto es urgente sacar a las gentes de teatro de nuestras ciudades, como lo hacemos con las almas indeseables.”

Por tanto, la única solución a la crisis se basa en la esperanza de que se organice una gran caza de brujas contra nosotros y especialmente contra la gente joven que desea aprender el arte del teatro: Una nueva diáspora de Comediantes que, desde tal imposición, sin lugar a dudas provocará beneficios inimaginables por el bien de una nueva representación.

Thursday, March 7, 2013

TEATRO DEL EXILIO EN LA HABANA


                           
  
TEATRO DEL EXILIO EN LA HABANA 

       Por Pedro Monge Rafuls, dramaturgo / director de  OLLANTAY Center for the Arts

       Escritores y editores cubanos buscan por estos días proceder con distintos asuntos esenciales frente a la aparición de un nuevo fenómeno social y político; entre ellos, está echarle una mirada ---por lo general, primeriza--- a la literatura escrita fuera de Cuba, de la diáspora llaman a lo que nosotros llamamos del exilio. 

       Estos artistas, editores, investigadores, escritores y teatristas que nos buscan, aprovechando limitadas aperturas que —sin embargo, no esperaban—, aportan nuevas perspectivas al cambio cultural y artístico que necesita nuestra estropeada y retrograda nación, tanto en la Isla como en nuestro exilio. Débil el cuento de las dos orillas: revolución vs. exilio, el momento es interesante y adecuado para la recuperación de la nacionalidad cultural y rescatar cuanto intelectual, escritor y artista muerto o vivo —joven o maduro— sea necesario, haya comenzado su trabajo en la Isla antes de partir o en el exilio, desde Jorge Mañach a Gustavo Pérez-Firmat; desde los novelistas Lino Novás Calvo, Guillermo Cabrera Infante, Hilda Pereras, Reinaldo Arenas  a Antonio Orlando Rodríguez, Severo Sarduy, Mayra Montero, José Raúl Bernardo, Miguel Correa; desde los poetas Eugenio Florit, Heberto Padilla a José Kozer, Jesús Barquet, Maya Islas; y desde los dramaturgos Marcelo Salinas, Julio Matas, José Triana, Eduardo, Manet Matías Montes Huidobro (también trabajan otros géneros) a Manuel Martín, José Corrales, Eduardo Machado, Iván Acosta, Eddy Díaz Souza.

     En el 2011, gracias al investigador teatral  Ernesto Fundora, entré en contacto con la joven estudiosa Yohayna Hernández, profesora del Instituto Superior de Arte (ISA). Pronto nos vimos hablando de un evento —hasta entonces posible solo en sueños— de presentar la lectura de siete obras del exilio en La Habana, a cargo de Casa Editorial Tablas-Alarcos, donde ella trabaja, y OLLANTAY Center for the Arts, institución que yo dirijo en Nueva York. En febrero 2012, en La Habana, se leyeron: Vida y mentira de Lila Ruiz de José Corrales; La belleza del padre de Nilo Cruz; Se ruega puntualidad de Pedro Monge Rafuls; La fiesta de José Triana (la última obra del gran dramaturgo, que ahora se leía en Cuba, mientras que ha sido —continúa siendo— desconocida y tenida a menos en el exilio); El súper de Iván Acosta, dedicada a los nueve millones de presos en Cuba y que, como Sanguivin en Union City de Manuel Martin, marca un momento en la dramaturgia y la literatura cubana del exilio y una obra que por su tema, nadie nunca pudo pensar que se pudiera conocer de alguna forma en Cuba: Exilio de Matías Montes Huidobro. El evento no tenía precedente. Hasta ese momento, particularmente en el teatro, todo había sido de allá para acá. 

      Las lecturas fueron interpretadas por jóvenes y, según me cuentan, las salas se llenaron de ellos. Sus comentarios enfatizaban la necesidad de que tales obras subieran a escena y muchas otras propuestas que los exiliados deseaban oír por años.  

      En el 2012, un grupo de amigos y colaboradores de Manuel Martín (Virginia Arrea, Felipe Gorostiza, Adolfo Vázquez, Gloria Zelaya y el que esto escribe), nos dimos a la tarea de celebrar el treinta aniversario del montaje de Union City Thanksgiving en Nueva York. El exilio cubano no es dado a reconocer a sus figuras —aunque sí muy proclive a destruirlas— y OLLANTAY y los amigos de Martín no queríamos dejar escapar la oportunidad de celebrar al gran artista. OLLANTAY hizo un llamado público a todos los teatristas a unirse a la celebración. Omar Valiño, director de Casa Editorial Tablas-Alarcos, se ofreció a colaborar a presentar la celebración en La Habana, un sueño largamente acariciado por Manuel Martín que deseaba que sus obras se conocieran en La Habana y que su madre las pudiera ver (Hispanic Immigrants Writers And The Family, OLLANTAY Press, 1989, 91).

     El 15 de febrero de 2013 comenzó a cumplirse el sueño de Manuel Martín y de todos los artistas que desean que se les coloque en el espacio al que tienen derecho, sin censuras. Este pasado viernes 15 de febrero, se inauguró la galería del Complejo Cultural Raquel Revuelta, con una exposición de fotos que resumían casi la totalidad de su teatro, facilitadas por OLLANTAY Center for the Arts, fundamentalmente, y por el Cuban Theater Digital Archive de la Universidad de Miami. La galería estaba repleta de jóvenes y no tan jóvenes, interesados en conocer el teatro de Manuel Martín. Omar Valiño tomó la palabra para presentar la exposición y al dramaturgo. Pedro Monge Rafuls, que habló de la importancia de este autor/director en el teatro neoyorquino y presentó a Felipe Gorostiza, un actor que trabajó continuamente en el teatro de Martín, y que ahora regresaba a La Habana, que abandonó cuando tenía once años, para dirigir las lecturas de las obras de Manuel. Gloria Zelaya, de origen nicaragüense, una colaboradora cercana a Martín, y figura del teatro latino neoyorquino, también ofreció su testimonio sobre el autor.

     El 18 de febrero de 2013 OLLANTAY Center for the Arts y Casa Editorial Tablas-Alarcos dieron inicio a las conferencias sobre la obra del autor/director homenajeado. Claudia B. Benitez Gómez, joven investigadora de la familia teatral cubana, graduada en la Universidad de La Habana, presentó su trabajo “Un Sanguivin a la cubana”; la profesora Lillian Manzor, de la Universidad de Miami, intervino con su ponencia “Manuel Martín y el teatro de off-off Broadway” y la profesora Carolina Caballero, de Tulane University,  expuso su trabajo “Vidas cubanas en el teatro americano”. Por su lado, Felipe Gorostiza, quien dirigió varias escenas de diferentes obras de Martín, profundizó sobre características de las mismas, mientras Gloria Zelaya se enfocó en La leyenda del grano de oro de café. Para quien escribe estas líneas, el momento cumbre fue cuando un asistente, un señor mayor, dio las gracias por la oportunidad de conocer la obra de Manuel Martín, agradeció que lo regresáramos a casa y deseó que se pudieran conocer otros autores del exilio. El público asistente rompió a aplaudir. Los tres días de evento terminaron con la lectura de Sanguivin en Union City, dirigida por Felipe Gorostiza con la actuación de Blanca Camacho, figura conocida en el teatro de Nueva York, que viajó a La Habana para la celebración y compartió la escena con jóvenes actores cubanos.

     Pero las actividades del teatro del exilio no quedaron en la celebración a Manuel Martín; la Casa Editorial Tablas-Alarcos presentó el viernes 15 de febrero, su tercer y último volumen de la antología, con selección de Omar Valiño y edición al cuidado de Ernesto Fundora, que recogió treinta obras de dramaturgos cubanos en los últimos cincuenta años y también, un hecho insólito, se incluyó en esta antología a nueve autores del exilio: José Triana, Matías Montes Huidobro, Iván Acosta, Manuel Martín, René Alomá, Pedro Monge Rafuls, Eduardo Machado, Nilo Cruz y María Irene Fornés. 

     Otro evento que destacó el teatro del exilio fue ofrecido por el dramaturgo y director David Camps, quien dirigió Las vidas del gato de Pedro Monge Rafuls, en la Sala Llauradó, con la actuación de Teresita Rúa, Tania Pérez James, Juan Julio Alfonso y el locutor Luis Alarcón Santana. A la lectura asistieron varias figuras del teatro y el cine cubano. En conversaciones surgidas al calor de la lectura, se celebró el hecho de que se presentara la obra de un autor cubano del exilio y se replanteó la necesidad de dar a conocer esta dramaturgia en el país.

    Los participantes de estas actividades, los del exilio y los de la Isla, estamos seguros de que fuimos parte de algo importante, especial e histórico, y estamos agradecidos de la acogida de los teatristas y del público habanero en general, por habernos acompañados en la presentación de un material teatral nuevo en Cuba.

“Contigo, pan y cebolla” en Miami.


 Diseño de tarjeta: Alvaro Martínez.


“Contigo, pan y cebolla” en Miami.
Por Max Barbosa – www.TeatroenMiami.com

Contigo,  pan y cebolla, texto del dramaturgo cubano Héctor Quintero (1942-2011), dirigido por Alberto Sarraín, se presenta en Akuara Teatro. El elenco lo integran: Fefa (Micheline Calvert), Lala (Yvonne López Arenal), Lalita ( Liset Jiménez), Anselmo (Carlos Alberto Pérez), Anselmito (Andy Barbosa), Fermina (Mabel Roch), Pepe Pardo (Yoelvis Batista) y Alfredo (José Quesada).

Héctor escribió la obra en el 1962, obteniendo mención en el Premio Casa de Las Américas con sólo veinte años de edad. Teatro Estudio la llevará a escena en 1964. Desde entonces, sus montajes han sido numerosos en Cuba. En Miami acontece por primera vez gracias a Akuara Teatro, La Má Teodora, también entidad teatral, y al Archivo Digital de Teatro Cuba perteneciente a la Universidad de Miami. Por este esfuerzo conoceremos las tribulaciones que aquejan a Lala Fundora para lograr el bienestar de su familia en un contexto falso en cuanto apariencias sociales pero el salario de Anselmo es insuficiente. Ni Lalita, Anselmito o Fefa escaparán a esta realidad, ni el refigerador que tanto añora Lala. Sin embargo, estamos en presencia de una comedia dramática, característica que le imprime al humor el protagonismo para meditar.  La acción se desarrolla antes de 1959.

Alberto Sarraín conservó los tres actos originales a modo de preservar los valores dramatúrgicos; de ahí la calidad de su puesta en escena en sentido general. Los personajes cuentan con la posibilidad de mostrar sus diversas facetas. En este sentido se hace evidente la experiencia de Yvonne, Michelin y Mabel con respecto al resto del elenco que cumple con los roles asignados adecuadamente. La borrachera de Anselmo, por ejemplo, no es esquemática porque el actor sólo la sugiere. Quizás esta sugerencia sea vital para lograr la alegría colectiva que se forma en la familia cuando los Anselmos cantan a duo La Mora, rememorando un estilo vocal del momento para festejar el supuesto aumento salarial del padre.

Uno de los mejores instantes es la muerte de Fefa por la energía que proyectan los personajes, energía que permanece durante la foto fija que finaliza el tercer acto. Hay que destacar la actuación de Yvonne porque el conflicto parte de Lala hacia los demás; si ellos no le creen, es imposible la fluidez que logran cuando se relacionan. Laborioso debió ser el montaje, sin dudas.

Mención aparte merecen la escenografía y decoración de Luis Suárez por lograr, parafraseando a Carpentier cuando se refirió a la arquitectura del Vedado,  el “estilo de lo sin estilo” propio de los interiores hogareños cubanos. Luis diseñó, además, el vestuario. Vital en el personaje de Lalita, Fermina o Pepe Pardo cuyo logotipo de General Electric incrustado en su camisa lo define. La banda sonora y el diseño de luces son creación de Mario García Joya;  joyas los dos. El hecho de que cada acto comience en penumbras puede considerarse premonitorio.

     Sí: Contigo, pan y cebolla es un don de acierto en Miami.

Contigo, pan y cebolla todos los viernes, sábados y domingos en el teatro Akuara situado en el 4599 SW 75 Ave. Viernes y sábados a las 8:30 pm de la noche y domingos a las 5:00 pm de la tarde. Las entradas pueden reservarse en el teléfono 786 853-1283. 

Enlaces relacionados. Tablas Alarco. Lanzar la flecha bien lejos.
Artefactus Magazine. El Nuevo Herald. Archivo Teatral Cubano. Miami en escena. Diario de Cuba. CUBAENCUENTRO. Zu Project.

Friday, December 28, 2012

DIA DE LA DRAMATURGIA Y DEL TEATRO DEL EXILIO




Foto: Luis de la Paz. En la foto José Escarpanter la noche en la que recibió el "Premio René Ariza 2005" reconocimiento que se otorga a personalidades del teatro cubano que viven fuera de la isla. 
 
DIA DE LA DRAMATURGIA Y DEL TEATRO DEL EXILIO

Las agrupaciones Artefactus Cultural Project, OLLANTAY Center for the Arts, Akuara Teatro: Sala Avellaneda,  Teatro Retablo,  Archivo Digital de Teatro Cubano, ArtSpokenPerforming Arts Center, Antihéroes Project, Institución Cultural Alba, TEATRO DEL ECLIPSE, Museo Cubano de Miami, Hispanic Cultural Promotions y los teatristas, Iván Acosta, Sara Aguilar Hernández, Magali Alabau, Diana Álvarez-Amell, Antia Arruez, Sylvia Baldeón, Jesús J. Barquet, Jorge Carrigan, Theodoris Castellanos, Martha Chávez, Alejandra Cossio del Pino, Julie De Grandy, Raúl de Cárdenas, Carlos Manuel Delgado Betancourt, Carmen Díaz, Eddy Díaz Souza, José Manuel Domínguez, Gina Escarpanter, Jorge Febles, Max Ferrá, Ileana Fuentes, Gerardo Fulleda León, Rita Geada, Mirza González, Olympia B. González , Orlando González, Luis González Cruz, Waldo González López, Yara González Montes, Armando González-Pérez, Gabriel Gorces, Adolfo Gutkin, Salvador Lemis, Yvonne López Arenal, Julio Matas, Lillian Manzor, Maricel Mayor Marsán, Yoshvani Medina, Marcelino Miyares, Pedro Monge Rafuls, Elena Montes de Oca, Matías Montes Huidobro, Ada Ortuzar-Young,  Carmen Peláez, Leandro Peraza Viso, Frank Prieto, Wilfredo Ramos, Manuel Reguera Saumell, Ulises Regueiro, Gerardo Riverón, Antonio Orlando Rodríguez, Teresa María Rojas, Pedro Román, Orlando Rossardi, Mercedes V. Ruiz, Evelio Taillacq, José Triana, Rodolfo Valdés Sigler, Luis Valverde Maceo, Lesbia O. Varona, Orlando Varona, Adolfo Vázquez,  Marianexy Yanes y Laura Zarrabeitia le invitan a celebrar ―comenzando en 2013---, el 30 de mayo, el Día de la Dramaturgia y del Teatro Cubano del Exilio

Las razones son múltiples y necesarias. Una ojeada al panorama teatral cubano del pasado siglo XX, nos devuelve la historia que, fruto de la ruptura, dio lugar a una rica y variada dramaturgia cubana en la franja del exilio. Siendo parte de la totalidad del teatro cubano, esta dramaturgia se configura y nutre en un nuevo contexto. Es una dramaturgia que se escribe por exiliados y que es llevada a escena por artistas, generalmente, también exiliados. La distingue en buena medida el tratamiento de sus temáticas, enfoques, modalidades y hasta el idioma con que, en muchas ocasiones, se escribe y presenta. Es un teatro que se fragua y se confronta en los escenarios de Miami, Chicago, Nueva York, Los Ángeles, o cualquier otra ciudad de los Estados Unidos, incluso en países tan distintos como Canadá, Colombia, Ecuador, México y Francia, entre otros. Es una dramaturgia y un quehacer de teatristas que, en muchas ocasiones, enfrentan grandes problemas de aceptación y también ―lamentablemente― de producción y representación; inconvenientes que, a corto y largo plazo, retrasan y frenan su natural crecimiento. 

En tal sentido, los firmantes coinciden en determinar una fecha para que los grupos y los hacedores de este teatro en particular, realicen alguna acción ―pequeña o grande― o cualquier tipo de producción teatral u homenaje, donde se reconozca los aportes de esta dramaturgia y se aplauda el quehacer de autores, actores, directores, diseñadores y demás artistas y colaboradores del teatro cubano del exilio. Es por ello que invitan a la comunidad cubana en el exilio en general, y a la teatral en particular, a enviar felicitaciones y mensajes cada 30 de mayo para aclamar una circunstancia teatral de la que son parte los teatristas del exilio. Se anima también a los amantes del teatro a respaldar y difundir las obras de teatro del exilio. Las agrupaciones teatrales pueden tomar parte de la celebración, todos los 30 de mayo, con lecturas dramatizadas, homenajes especiales o producciones teatrales basadas en textos de dramaturgos/as del exilio. Todas las actividades del Día de la dramaturgia y del teatro del exilio se difundirán por los medios de comunicación disponibles, por lo que deberán notificarse con antelación a la fecha.   

Se instituye el 30 de mayo como Día de la dramaturgia y del teatro del exilio por ser el día en que fallece el Dr. José A. Escarpanter, en Auburn, Alabama (2011). El Dr. Escarpanter nació en La Habana, el 17 de enero de 1933. Fue un riguroso crítico y estudioso del teatro, profesor de esta materia en la Universidad de La Habana. Asumió el exilio en la década de los sesenta y fue el primer investigador que, desde su emigración forzada, registró las particularidades de esta dramaturgia, evidenció la existencia de un teatro cubano exiliado con características propias y contribuyó a su difusión, historicidad y corpus teórico. 

Usted puede enviar la información sobre la actividad que va a realizar para que sea difundida a: OLLANTAYpm@aol.com (Nueva York) o artefactusteatro@gmail.com (Miami).

Recomponer una memoria fragmentada




Recomponer una memoria fragmentada

Cubanencuentro.

En los últimos años, Rosa Ileana Boudet ha dado a conocer cuatro libros de investigación que representan un valioso aporte al estudio del teatro cubano.

En 1961, una joven del barrio habanero de la Víbora comenzó a estudiar en la recién creada Escuela de Instructores de Arte. Para lograr el ingreso, se debe haber valido de alguna artimaña, pues no había cumplido aún los quince años que allí exigían a los alumnos. Como parte de la que iba a ser la primera promoción, allí tomó clases, entre otros profesores, con Rine Leal, Virginia Grutter, Luis Márquez, Félix Pita Rodríguez, Julio Martínez Aparicio. En 1963, en el acto de graduación realizado en el Teatro Mella fue designada para dar lectura al texto que constituía el Compromiso de los egresados.

En 1977, recreó las vivencias de aquella etapa de iniciación en una noveleta titulada Alánimo, alánimo. En la breve nota biográfica de ese libro se lee: “Trabajó como instructora de arte y creó grupos aficionados en los 60”. En efecto, tras concluir los estudios trabajó como instructora hasta 1965. Parte de esa labor la desarrolló en Isla de Pinos, a donde fue enviada junto con otros dos egresados. Al regresar a la capital se incorporó como titiritera en el Teatro de Muñecos de La Habana.
En 1967 volvió a las aulas, esta vez a las de la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana, en la cual se licenció en el aciago año de 1971. A partir de entonces, sus vínculos con el teatro pasaron a ser desde el campo de la crítica. Sus primeros comentarios vieron la luz, cuando aún era estudiante, en la revista Vida Universitaria y el diario El Mundo, y después en publicaciones como La Gaceta de Cuba, Juventud Rebelde y Cuba Internacional.

Esa actividad la prosiguió en Revolución y Cultura (1972-1978), de la que llegó a ser jefa de redacción, así como en Tablas (1982-1987) y Conjunto (1992-2000), revistas de las cuales fue directora. Asimismo su pasión por el arte escénico se plasmó en el libro Teatro Nuevo: una respuesta (1983). A ese título se sumaron la compilación de la antología Morir del texto (1995), así como los prólogos para las ediciones de Teatro La Yaya (1981), de Flora Lauten, Teatro (1982), de Albio Paz, Aire frío (1990), de Virgilio Piñera, Vagos rumores y otras obras (1997), de Abelardo Estorino, y El velorio de Pura (2001), de Flora Díaz Parrado.

Esa dedicación al teatro, primero como instructora y titiritera luego como crítica, no se ha extinguido ni menguado con el paso del tiempo. Casi medio siglo después, Rosa Ileana Boudet continúa desarrollando una labor que, en más de un sentido, a mí me parece admirable. Desde que en el año 2000 pasó a residir en Estados Unidos, ha proseguido su trabajo, que a partir de esta etapa se ha centrado fundamentalmente en la investigación. Ese esfuerzo ha cristalizado en la publicación de varios libros, a los que me referiré en este trabajo.

El primer título que Boudet dio a conocer tras radicarse en California fue En tercera persona. Crónicas teatrales cubanas: 1986-2002 (Ediciones de GESTOS, Irvine, 2004), cuya salida reseñé en su momento en este mismo periódico. Nada más lógico que iniciar esta nueva etapa de su vida con un balance de la actividad crítica desarrollada por ella en la Isla, a lo largo de más de tres décadas. Como entonces señalé, esos textos revelan la concepción del trabajo del crítico que Boudet tiene y lleva a la práctica.

En primer lugar, en sus artículos no hay espacio para el insulto, los comentarios sarcásticos e hirientes o el empleo de esta labor como ejercicio de poder. Asimismo aunque siempre hace evidente que se trata de su criterio personal, nunca es arrogante ni exhibe su protagonismo. En su esquema valorativo incluye además elementos ligados a su experiencia personal y existencial. No teme así expresar sus emociones como espectadora, convencida de que, tal como sostiene el español José Monleón, un crítico que elimina la emoción es un crítico mutilado, castrado. Es evidente también que escribe desde una actitud de amor y defensa del teatro, lo cual hace que al leer sus textos uno siente que está hablando de algo que siente como suyo. No asume, sin embargo, una postura paternalista, y no vacila al señalar defectos y aspectos no logrados.

El primer fruto de las investigaciones que emprendió en esta última década fue Teatro cubano: relectura cómplice (Ediciones de la Flecha, Santa Mónica, 2010, 390 páginas). En ese libro, como apunta Boudet en la nota introductoria, intenta revisar el teatro cubano de la etapa republicana “como si en un espejo se miraran dos láminas: la escena culta y la popular”. Para periodizar su estudio, propone una cronología diferente, pues opina que “las vigentes son en muchos casos equívocas”. Asimismo señala que debido a que muchos de los textos son de difícil acceso para el lector, asumió “las consecuencias de citar en exceso y dialogar con las obras, así como referirme a los actores y directores que las estrenan, pues el espectáculo es el sentido último de una obra dramática”.

Matiza juicios y opiniones

Aunque a lo largo del libro también se ocupa de teatristas y grupos, Boudet sustenta su análisis en la dramaturgia escrita en esos años y que no siempre subió a los escenarios. Su opción resulta lógica, pues esa es la principal fuente a la cual un investigador puede hoy acudir. Tampoco es que en ese sentido lo tuviera muy fácil: unas cuantas obras están recogidas en libros, pero otras solo vieron la luz en revistas de difícil acceso. Localizar todos esos textos implicó, evidentemente, una búsqueda laboriosa y paciente. Boudet además se preocupó de leer todo ese material, incluso aquellos textos que otros desdeñaron por considerarlos sin importancia o que sencillamente no leyeron. Esto último lo ilustra con un ejemplo. Cuenta que al comienzo de la investigación consultó en la Biblioteca Fernando Ortiz, antigua Sociedad Económica de Amigos del País, el ejemplar de 1919 de la revista Teatro Cubano donde se publicó María, de Ramón Sánchez Varona. Y anota: “Tenía sus pliegues intactos. Nadie lo había leído”.

Esa revisión tan exhaustiva de la dramaturgia de ese período no ha dado lugar a un panorama distinto del que hasta ahora teníamos. Pero sí viene a matizar algunos juicios y opiniones considerados canónicos y contribuye a configurar un panorama un poco más completo. Especialmente lúcidos son, a mi juicio, los capítulos dedicados a autores como José Antonio Ramos, Carlos Felipe, Flora Díaz Parrado, así como al Teatro Alhambra. En ellos Boudet desarrolla un concienzudo estudio e incluye inteligentes y sugestivas reflexiones. Es de destacar el esfuerzo que dedica a defender al autor de El Chino, quien a juicio suyo “conoce como ningún otro la escasa valoración de sus contemporáneos y es todavía víctima de juicios apresurados y superficiales”. Asimismo esa atenta lectura le permite descubrir conexiones y vínculos con autores y obras posteriores. Así, al analizar El ahogao, de Lino Novás Calvo, comenta: “La pieza, compleja y concentrada, con cuatro personajes masculinos y el primer y ¿único? desnudo del teatro cubano antes de 1959, anticipa el narcisismo de los machos de (Abelardo) Estorino en su ritual frente al espejo y la obra corta de diálogo cinematográfico que aparece en los sesenta”.

En el ensayo “Sobre las fuentes y el narrador en la Historia del cine cubano”, recogido en su libro Otras maneras de pensar el cine cubano, Juan Antonio García Borrero defiende la necesidad de emplear fuentes alternativas. “Lo ideal, expresa, sería narrar la historia del cine cubano según el paradigma de Rashomón”. A su manera, Boudet aplica un criterio similar, al ensanchar los límites de lo que suele considerarse bibliografía pasiva o crítica. Consciente de las enormes dificultades que conlleva el tratar de recomponer la memoria fragmentada de nuestra escena republicana, no duda en acudir a los materiales más diversos: memorias de teatristas, testimonios, novelas, epistolarios, crónicas periodísticas, así como a las entrevistas hechas por ella a figuras como Candita Quintana, Raquel Revuelta, Paco Alfonso, Eduardo Robreño.

Si dedicó, como ella afirma, varios años de investigación y relectura para redactar ese libro, era natural y perfectamente lógico que Boudet continuase aquel proyecto con Cuba: viaje al teatro en la Revolución (Ediciones de la Flecha, Santa Mónica, 2012, 304 páginas). Lo digo porque en la etapa que ahora abarca (1960-1989), ella siguió de manera puntual la actividad escénica. A lo largo de esas tres décadas comentó estrenos y festivales, trató personalmente a dramaturgos y teatristas, acompañó procesos de montajes, tomó parte en talleres y eventos teóricos, editó revistas, impartió clases a futuros teatrólogos. Es decir, que en este caso iba a analizar una experiencia que lejos de resultarle ajena, vivió muy de cerca. Eso la lleva a justificar el empleo de la primera persona en su discurso crítico, “porque equivocados, torpes o apasionados, mis escritos y mi labor de promoción acompañaron estos años”.

Esa condición privilegiada de ser testigo de primera mano permite que, en lugar de restringir su análisis al texto dramático, pueda valorar el hecho escénico en su totalidad. Así, al comentar el estreno en 1967 de María Antonia, de Eugenio Hernández Espinosa, apunta: “Hoy es difícil releerla sin recordar el color del vestuario de María Elena Molinet —concebido de acuerdo a la simbología de los orishas— o la imagen de Hilda Oates, la protagonista, de Elsa Gay como Cumachela, la majestuosidad del escenario, la recordada escena del mercado y los cantos y bailes del Conjunto Folklórico Nacional”. Eso hace que a lo largo del libro estudie el teatro como tal, pues se ocupa de los distintos elementos que lo integran y les da el valor que dentro del mismo les corresponde.
El libro realiza un recorrido panorámico por el teatro cubano contemporáneo. Lo inicia con el estreno de Aire frío (1988), de Virgilio Piñera, y lo cierra con la experiencia de La cuarta pared (1988), de Víctor Varela. Organiza ese viaje en veinticinco estaciones o capítulos, en los cuales examina los temas y hechos más significativos. Por ejemplo, dedica espacio a la eclosión dramatúrgica de la década de los 60, en la que se dieron a conocer autores como José R. Brene, Abelardo Estorino, Nicolás Dorr, José Triana, Tomás González, Manuel Reguera Saumell, Héctor Quintero, Matías Montes Huidobro. Asimismo analiza las obras de urgencia y agitación escenificadas en esos años. Otras páginas están dedicadas a los años 70, marcados por la grisura y el dogmatismo y por el surgimiento del llamado Teatro Nuevo. Boudet escogió 1989 como tope cronológico para cerrar el libro, por ser un año en “el que tantos hechos cambiaron el mundo”. Para la escena cubana, fue además el comienzo de un nuevo período, del cual “otros serán sus espectadores y otros sus críticos”.

Valoraciones justas y bien fundamentadas

Boudet logra una complentariedad y un equilibrio entre los elementos testimoniales e informativos y los elementos valorativos y críticos. Asimismo no interpreta el teatro a través de la biografía de sus creadores, pero tampoco rehúye acudir a los datos de esa naturaleza cuando es preciso. A partir de esa dinámica, tan alejada de la plúmbea pesadez del discurso académico, revisa las principales figuras y tendencias, ubicándolas en sus circunstancias temporales e ideológicas, así como en el contexto del arte escénico nacional. De igual modo que dedica amplio espacio a las “cumbres”, no desatiende a otras figuras menores, que si bien carecen de gran relieve contribuyen a documentar la riqueza del período objeto de análisis.

Esa relectura la lleva además a valorar con la objetividad que dan los años a autores sobre los cuales tenía una opinión menos favorable. Dos ejemplos son Héctor Quintero y Antón Arrufat, cuya producción dramatúrgica examina ahora con más justeza. De igual modo, vuelve autocríticamente sobre opiniones expresadas anteriormente por ella. En un trabajo de 1992, al referirse al repertorio anterior a 1959 apuntó que “reproducía las comedias banales de Broadway o intentaba un teatro de arte frente al comercialismo”. Lo reproduce para admitir que hoy sabe que más allá de que la revolución cambió la vida de todos los cubanos, “es una afirmación maniquea”, y que antes del 59 la escena cubana “tiene monumental riqueza y diversidad y no debiera establecerse un corte para su estudio”.

Como es evidente, asumir en solitario un proyecto como este lleva implícitos muchos riesgos. Algo de lo cual la propia Boudet era consciente cuando emprendió su ejecución. Una vez completado, se puede afirmar que ha cumplido sus objetivos con resultados muy satisfactorios. El libro se sustenta en valoraciones justas y bien fundamentadas, y a lo largo de sus páginas hallamos acertadas precisiones, enfoques originales, criterios propios. Como es natural, con algunas de las opiniones expresadas por ella se puede discrepar. Personalmente, uno de mis reparos es la falta de un índice onomástico, imprescindible en una obra de referencia. Asimismo la autora debería unificar la tipografía de los títulos de las obras, pues unos aparecen en cursivas, mientras que otros están entrecomillados, a la antigua usanza. Sin embargo, anoto esos señalamientos sin mengua del franco elogio que en conjunto Cuba: viaje al teatro en la Revolución me merece.

La preocupación por rescatar la memoria de nuestro teatro de las manos del olvido y del efecto destructor del tiempo, también llevó a Boudet a interesarse por la figura de la actriz Luisa Martínez Casado (1860-1925). A partir de la investigación realizada por ella en las fuentes bibliográficas a las que pudo acceder en California y La Habana, así como en una corta estancia en Cienfuegos, y de la consulta de varios archivos digitales de México y España, escribió el libro Luisa Martínez Casado en el paraíso (Ediciones de la Flecha, Santa Mónica, 2011, 294 páginas). Acerca del mismo, la autora redactó unas palabras de las que copio este fragmento:
“Es mi acercamiento biográfico a la vida de la actriz nacida en Cienfuegos desde que muy niña interpreta las obras de su padre, triunfa a los nueve años, alterna con Eloísa Agüero, trabaja con Paulino Delgado y se va a España a estudiar en 1878. ¿Cómo llega a Echegaray que le escribe un personaje sin haberla visto actuar? ¿Cómo se desarrolla su vida en la península y cómo algunos que la vieron la comparan con Sarah Bernhardt? ¿Cómo se podría imaginar su interpretación? ¿Y en México? Sería largo y detallado contarles los pormenores del libro que empieza con un capítulo dedicado a Luisita y termina con su «Último acto». (…) Y aunque me encantaría llenar todos los vacíos, contestarme todas las preguntas, visitar todos los puertos a los que ella llegó en el siglo XIX y los escenarios de tantos países de América y el Caribe, aquí está Luisa, de cuerpo entero, con su consagración al arte y a la interpretación en sus viajes y en sus periplos, en sus momentos cumbres y en sus quebrantos y , sobre todo, en fotografías desconocidas, lo más cercano a verla sobre el escenario y en los juicios, entre otros, del Conde Kostia, Julián del Casal, Olavarría y Ferrari y Gutiérrez Nájera”.

Una extraña entre los suyos

Tarea particularmente difícil era seguir desde su nacimiento la trayectoria de una actriz que murió hace más de ochenta años. Más aún, que desarrolló parte de su actividad profesional en España e Hispanoamérica, a donde la llevaron sus constantes giras. Armar lo que era un verdadero rompecabezas requirió, por tanto, una labor esforzada y paciente, además de una auténtica pesquisa detectivesca. Ha sido gracias a ello que la autora de Luisa Martínez Casado en el paraíso logró ganar ese desafío y materializó un retrato artístico y humano que parecía casi imposible de realizar.
La biografía sigue la vida de Luisa Martínez Casado desde su nacimiento. Da cuenta de su debut en los escenarios a los nueve años, interpretando las obras de su padre, defensor a capa y espada del gobierno colonial. Su descubrimiento en España por el dramaturgo José Echegaray. Su regreso a Cuba, donde se presenta en un Teatro Tacón repleto, pese a su conocida indiferencia ante la situación política que vive la Isla. La creación de su propia compañía, con la cual recorre exitosamente muchos países de habla hispana. Su retiro de la escena y de la vida pública, tras la muerte del esposo al que estuvo unida por más de treinta años. Su fallecimiento, tras una larga y penosa enfermedad, al parecer relacionada con el útero o la matriz.

Después de su muerte, Luisa Martínez Casado cayó en el olvido más absoluto. Como comenta Boudet al final de su libro, “ni siquiera en los teatros de su ciudad natal se registraron sus actuaciones. Hoy todavía se habla de cuando Caruso y Ana Pávlova actuaron en el Terry pero no hay una mención o una inscripción para la Martínez Casado. Sus fondos, bastante precarios, dicen bastante poco de la que viajó con decenas de baúles y una corte a su alrededor. Mientras las pertenencias de Modjeska se guardan en museos y la que llamó a los cubanos «indios con levita» sigue su andadura como mito, Luisa es casi una extraña entre los suyos”.

Uno de los aciertos del libro es la inteligencia con la que la autora ha sabido utilizar todos los materiales. En primer lugar, no se ahoga en los documentos y la información acopiados por ella en la rigurosa investigación. Sabe ir a lo esencial y consigue un justo balance, en el que los datos confirmados alternan con las intuiciones. Asimismo las etapas de la vida de la actriz se suceden ordenada y documentadamente, algo a lo cual se suma una narración fluida y coherente. En este sentido, es oportuno señalar que Boudet recurre en ocasiones a elementos propios de la literatura de ficción (conviene recordar que además de Alánimo, alánimo, ha incursionado en ese género con Este único reino y Potosí 11, dirección equivocada). Es algo que se advierte ya en el párrafo con que se inicia la biografía:

“Don Luis terminaba de arreglarse el traje y cerciorarse de cómo le quedaba el sombrero, muy entusiasmado porque esta noche iría a conocer a la Sra. Avellaneda, que accedía gustosa a dirigir la repetición de Alfonso Munio. Mañana será el estreno en su teatro. Y aunque se rumora que no todos están felices con la llegada de una hija predilecta después de veintitrés años en la madre patria, para él es una ocasión suprema, pues lo inaugurará la insigne poeta (…) Así que ni corto ni perezoso se dirigió al Paseo de Vives esquina a Argüelles y contempló el edificio, feliz como cuando en La Habana, dos años antes, en medio del auge de tonadilleros y saineteros, soñó con tener su propia compañía de cómicos”.

Aparte de esas tres ambiciosas obras de investigación, Boudet ha retomado su labor como compiladora con Los años de la revista Prometeo (Ediciones de la Flecha, Santa Mónica, 2011, 124 páginas). En las primeras 54 páginas hace un repaso de la trayectoria de esa publicación, fundada por Francisco Morín y que circuló de 1947 a 1955. A juicio de la investigadora, su lectura es fuente indispensable no solo para estudiar el grupo del cual tomó su nombre, sino el trabajo de otros actores, dramaturgos y directores de esa etapa. De ahí, comenta, “que su interés trasciende sus páginas y artículos para abarcar «los años» de creación del teatro del arte, en los que se pretenderá una escena vital, actualizada y relacionada con el mundo”.

Esa introducción da paso a una selección de artículos que aparecieron en la revista. Hay además un bloque sobre la polémica que suscitada por el estreno en 1948 de Electra Garrigó, de Piñera. Ahí se pueden leer los trabajos de Mirta Aguirre, Luis Amado-Blanco, Matilde Muñoz, María Zambrano, Manuel Casal, Héctor García Mesa y el propio Piñera. Hasta donde sé, es la primera vez que todos esos textos se reproducen y se ponen al acceso de lectores. El volumen se cierra con una bibliografía mínima de Prometeo y una galería de fotos que aparecieron en la revista.

Aparte de la muy valiosa aportación que representan esos cuatro títulos, Boudet coordina desde hace seis años el blog Lanzar la flecha bien lejos. Aprovechando las grandes posibilidades del ciberespacio, ha sumado ese otro espacio para proseguir su saludable tarea de rescate y divulgación de nuestro teatro. Aunque da cabida a textos de otros autores, es ella quien redacta la mayor parte de los posts. Se trata de notas escritas en un estilo periodístico, en las que comenta una fotografía, reseña la salida de un libro, anuncia un estreno inminente, da noticia de un hallazgo y, en fin, comparte flechazos con los lectores.

Tuesday, December 11, 2012

RAQUEL Y OTRAS NOTICIAS




   

 RAQUEL Y OTRAS NOTICIAS
Juan Cueto-Roig
Nunca he puesto en duda la legitimidad de mi admiración por Raquel Revuelta. Está fundamentada en su arte interpretativo, su magnetismo y su belleza. Sin embargo, a veces me he preguntado si mi empeño en exaltarla, se debe sólo al cariño y a la amistad que casi desde mi adolescencia me unió a ella. Pero cuando leo palabras como las que transcribo a continuación, en un reciente artículo titulado Raquel Revuelta, en el espejo de la memoria, de Norge Espinosa Mendoza, un poeta, dramaturgo y crítico teatral, nacido en 1971, que no la conoció en su época de mayor esplendor, ni pudo ver las grandes obras que interpretó en la televisión en las décadas del 50 y 60, ni las que protagonizó en el teatro en esas épocas, confirmo que mi devoción hacia ella está más que justificada.
EXTRACTO DEL ARTÍCULO DE NORGE ESPINOSA MENDOZA
«Raquel Revuelta fue, a lo largo de su extraordinaria carrera, mucho más que el rostro seductor de Un romance cada jueves. Si a ese famoso programa televisivo debió buena parte de su popularidad y reconocimiento, alternaba con tales emisiones la subida a las tablas para no perder el contacto real con un auditorio ante el cual ella fue Juana de Lorena, Chen Te, Madre Coraje, Santa Juana de América, o una de las tres hermanas. Laurencia en Fuenteovejuna, Laura en La casa vieja, Doña Luciana en El becerro de oro, Alissa en Comedia a la antigua… son otras páginas de ese álbum que ella respiró y nos legó, intercalados entre los arranques de su inolvidable Doña Bárbara y los arrebatos de Lucía y Cecilia, a las órdenes de Garriga o Solás. El tiempo, que suele ser el más cruel espectador, nos arrebató la posibilidad de verla en otros papeles, y no deja de ser irónico que su última presentación teatral haya sucedido en México, encarnando a una especie de diva en retiro. Como sucede con muchos grandes actores, Raquel llegó a sentir el ahogo de enfrentarse cada noche al lunetario, y sus labores como directora, profesora o funcionaria fueron desplazando a la actriz que, dondequiera que fuese, seguía siendo reconocida por encima del olvido y de los años de aparente ausencia. Pero ese desplazamiento es solo una nota biográfica. Ella era la Actriz, hiciese lo que hiciese. Las fotos que de ella vemos, donde esplende en varios de sus mejores empeños o sonríe junto con su madre y su hermano Vicente, nos lo dejan saber sin arrogancia.
Los que llegamos a conocerla, los que sabemos señalar en qué butaca de la primera fila de la sala Llauradó prefería sentarse para dirigir ensayos o ver alguna puesta en escena, recordaremos su paso más o menos ingrávido, y la fuerza de esa mirada que era capaz de paralizar todo a su alrededor. Más que una mujer fue un carácter, y de eso provienen las anécdotas que, para bien o mal, insisten en retratarla de manera extrema. Una actriz talentosa, al referirse a ella hace algunos años, empleó el término “controversial”. Y quién duda que lo era. Escondió armas durante la lucha contra el batistato, salió en defensa de sus actores cuando vino el tiempo gris de los 70, manejó con mano dura el repertorio y los elencos de Teatro Estudio. Renunció a una vida de mayor fama en México para salir, tarde por tarde, a su balcón para contemplar La Habana. Murió para que, entre otras cosas, pudiéramos entender desde su ausencia que la capital y el país perdían a uno de sus mitos más espléndidos… Las actrices y los actores de verdadero genio dejan una estela que, acaso sin saberlo, heredan hoy otros intérpretes: discípulos de lo que ellas y ellos nos regalaron como ilusión.
Raquel Revuelta nos mira ahora desde el espejo que es la memoria. Mirémosla como quien la aplaude, admirémosla como quien le entrega un nuevo ramo de flores, bajo la lluvia habanera que puede ser una ovación.»
EL LIBRO
El libro Raquel Revuelta, a la memoria de una gran actriz está ya catalogado en las siguientes bibliotecas: The Library of Congress, Washington, D. C.; Instituto Cervantes, Nueva York; Casa de América, Madrid; Biblioteca Hispánica de la Agencia de Cooperación Internacional, Madrid; Casa de América, La Habana; Biblioteca del Centro Cultural Español, Miami; University of Miami, Coral Gables; Florida International University, Miami. Y varias bibliotecas de Dade County y Miami Beach.
RAQUEL EN LA MIRADA INDISCRETA
  
El dulce pájaro de la juventud
Con Enrique Almirante
Las gentes quedaron paralizadas en sus casas: nunca antes se había visto nada tan franco… Soberbia creación de Raquel Revuelta… El mejor programa de televisión hasta 1964.
Revista Bohemia
El domingo 23 de diciembre, el programa La mirada indiscreta que dirige Alejandro Ríos transmitirá una entrevista a Juan Cueto-Roig, con motivo de la publicación del libro Raquel Revuelta, a la memoria de una gran actriz. Es una ocasión única de ver fragmentos de actuaciones de la actriz, entre ellas, una escena de El dulce pájaro de la juventud (Gran teatro del sábado, CMQ Tv., 1964)
La mirada indiscreta se transmite los domingos a las 8:00 pm por América Teve, Canal 41 (12 en Comcast).

Wednesday, November 14, 2012

La novela Un bronceado hawaiano, de Matías Montes Huidobro



A la venta en la Feria del Libro de Miami, Ediciones Universal, Editorial Aduana Vieja. Para cualquier información, contactar al autor mmhuidobro@aol.com

La novela Un bronceado hawaiano, de Matías Montes Huidobro, será presentada el domingo 18 de noviembre, durante la Feria Internacional del Libro de Miami
    
A Hawái le sienta el negro
     por Luis Agüero, Miami | 12/11/2012



Lo primero a destacar en Un bronceado hawaiano, el más reciente título publicado por el poeta, narrador, dramaturgo e investigador Matías Montes Huidobro, es que posee una virtud que a mí se me antoja indispensable en cualquier novela: se lee de un tirón. El libro, de 357 páginas, cuenta una historia que se mueve a sobresaltos, aunque sin perder jamás el ritmo, entre el realismo áspero de los llamados “duros de pelar” (Chandler, Hammett y Cía), algunas situaciones que de un modo u otro remiten al código del absurdo y pasajes de un erotismo tan brutal que lindan con la pornografía; todo ello aderezado con disquisiciones, que transitan de lo lírico a lo filosófico sin ningún pesar, acerca del arte y el sexo, los celos, las relaciones profesionales, el asesinato como una de las bellas artes y todo lo humano y lo divino, incluyendo “la inmortalidad del cangrejo”, según el propio autor. A primera vista parecería que, en una supuesta novela negra, semejante mezcla, al igual que la lingüística y las matemáticas, como diría Ionesco, deben conducir siempre a lo peor; sin embargo, Montes Huidobro se las ha arreglado, gracias a su pericia como prestidigitador literario, para componer una obra que esconde al lector mucho más de lo que muestra. Los ingleses aseguran que el paquete es la mitad del regalo, y en este caso el atractivo paquete que supone la anécdota criminal oculta el regalo de un insólito rastreo por las veleidades del alma humana. Cuando uno termina de leer el libro está consciente de que se ha entretenido, de que la ha pasado muy bien, pero al mismo tiempo empieza a dudar si debe reiniciar la lectura de inmediato, y con mucho más atención, para descubrir de qué trata realmente esta narración que podría ser, como asegura uno de sus personajes, un rompecabezas al que le falta la pieza clave, a pesar de que si lograras encontrarla vas a darte cuenta enseguida que resulta en lo absoluto prescindible. Desde la misma portada, donde aparece como un reclamo publicitario el subtítulo Un film noir, se hace presente el interés del autor por dejar pistas falsas, pretendiendo hacer pasar por una película lo que debería ser un libro.

Si el subtítulo citado antes se acepta como uno de las vías para desentrañar cada escondrijo de esta novela, resulta obvio que Un bronceado hawaiano es ante todo un homenaje en tono de parodia —alguien dijo que toda parodia es en el fondo un homenaje— al cine negro norteamericano, y de paso a la literatura que le dio origen. Montes Huidobro se refiere con frecuencia casi maníaca a actrices, actores y directores de las películas más notables de este género, o sub género, o como quiera llamársele, así como a los autores de las novelas en que muchas de ellas se inspiraron; es más, sin temor alguno remite al lector en sus dos personajes femeninos protagónicos (Doris y Janet) a patrones de la femineidad que establecieron dos grandes estrellas de la pantalla (Lana Turner y Katherine Hepburn, respectivamente), e incluso crea un detective chino al que llama Chan, igual que el célebre Míster Chan del cine, llegando al colmo de hacerlo decir en determinado momento que es necesario tener “paciencia, muuuchaaa pacienciiiaaa…”, frase que hizo popular el personaje radial Chan Li Po creado por Félix B. Caignet, el mismo autor de El derecho de nacer, la madre de todas las telenovelas. Haciendo uso una vez más del juego de las muchas identidades, el autor no se conforma con la copia sino que se esmera también en dejar constancia de la copia de la copia.

Esta suerte de calistenia lúdica, que por lo general tiene carácter de humorada, de simple broma, a ratos se trasmuta en consideraciones de mayor peso, sacando a flote por ejemplo las miserias humanas de un estrato social que podría aparentar estar bien lejos de tal estigma: el mundillo intelectual académico en USA. La “locación” —para usar un término cinematográfico— de la novela se sitúa, además, en Hawái, una especie de paraíso terrenal, paisaje que no resulta precisamente el más apropiado, al menos desde el punto de vista literario más ortodoxo, para contar la historia de un asesinato. De principio a fin de la novela, Matías Montes Huidobro hace uso de encontronazos semejantes, lo cual le otorga a la narración un aire muy particular, una respiración como de pez vuelto al agua después de librarse del anzuelo que lo mantenía en el aire a punto de ahogarse.

Creo que uno de los aspectos más llamativos de la novela es el Narrador, así con mayúscula, como si fuera, y de hecho creo que lo es, otro personaje del libro, tal vez el único realmente protagónico, pues en última instancia es el que se ocupa en definitiva de hacer avanzar la acción. Transitado de una exposición más o menos convencional en tercera persona del singular hasta una insólita primera persona del plural, Matías Montes Huidobro cuenta esta imbricada historia desde muy diversos puntos de vista, apelando a veces al observador objetivo, otras al narrador omnisciente que todo lo sabe e incluso llegando al extremo de dialogar con el lector para confesarle que no tiene la menor idea de lo que le pasa por la cabeza a sus personajes. Una vez más el juego de mientras más parezco enseñar es que de verdad más escondo.
Un bronceado hawaiano es, como la pintura inútil, repetitiva y alucinada de Bob Harrison, su personaje clave, un libro que puede compararse con una cebolla de múltiples y disímiles capas, a las que es necesario ir penetrando hasta encontrar su desolador meollo. También, como señalé al inicio, es un libro que resulta muy agradable de leer, tal vez porque está repleto de sorpresas. A mí, en particular, me llegó la mayor de las sorpresas casi al final de la lectura, cuando se hace el minucioso inventario de la biblioteca de Chan, y me enteré, sin el menor asomo de duda, que entre una edición príncipe de Los miserables y las novelas de Agatha Christie y Mike Hammer, estaba una novela negra firmada por mí y que es probable que alguna vez haya escrito y a lo mejor hasta que fuera publicada, aunque de lo que sí creo estar seguro, no lo sé a ciencia cierta, es que jamás ganó ningún premio literario.

La presentación de Un bronceado hawaiano de Matías Montes Huidobro en Miami, tendrá lugar en la Feria Internacional del Libro el día 18 de noviembre (domingo) a las cuatro de la tarde (building 8), dentro del marco de un panel sobre “la novela negra”, donde también participarán Rodolfo Pérez Valero e Ignacio Cárdenas Acuña