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Sunday, December 4, 2011

PRESENTACIÓN DEL PREMIO RENÉ ARIZA 2011



PRESENTACIÓN DEL PREMIO RENÉ ARIZA 2011

Ediciones Universal
3090 S.W. Calle Ocho, Miami
7 DE DICIEMBRE, 2011 A LAS 7 Y 30 P.M.

a los dramaturgos
Manuel Reguera Saumell e Iván Acosta
y a la directora de artes escénicas Miriam Lezcano

Apertura del acto: Juan Manuel Salvat Editor, Ediciones Universal
Palabras a nombre del Instituto Cultural René Ariza:
Matías Montes Huidobro, Presidente

Bienvenida a los dramaturgos premiados:

Juan Cueto Roig
narrador y poeta

Dr. Julio Hernánde Miyares,
Prof. Emérito, Kingsborough Community College, N.Y

Ileana Fuentes Directora, Cuban Museum/Museo Cubano

Palabras de Yvonne López Arenal al hacer entrega del Premio René Ariza a Miriam Lezcano

Palabras de Matías Montes Huidobroal hacer entrega del Premio René Ariza aManuel Reguera Saumell e Iván Acosta

Brindis Recepción en PAX Performing Arts EXchange
337 S.W. 8 St, Miami, Fl.,
786-246-6414
a partir de las 9 y 30, con música de jazz
(“cash bar”, descuento de un 50%)




Manuel Reguera Saumell nace en Camagüey, Cuba, en 1928. Es licenciado en Arquitectura por la Universidad de La Habana. En 1959, dedicado enteramente a la actividad teatral, obtiene el Premio Nacional de la Dirección de Teatro con su primera pieza, Sara en el traspatio, y el premio José Antonio Ramos que concede la Unión de Escritores y Artistas de Cuba por su obra Propiedad particular. Ambas obras fueron puestas en escena poco después. Ha estrenado además "El general Antonio estuvo aquí", "La calma chicha" y "Recuerdos de Tulipa", que fue llevada al cine en 1967 bajo la dirección de Manuel Octavio Gómez. Trabajó como asesor literario en el Conjunto Dramático Nacional, escribió los diálogos de las películas La salación y El asalto al tren blindado, además de una pieza para televisión, "La hora de los mameyes" (1963). El 1968 representó a su país en las Olimpiadas Culturales de México con la obra "La soga al cuello".


En 1970 abandona la isla y se instala en Barcelona, donde imparte clases de historia del arte y de dramaturgia en la Escola Adrià Gual. Ha dirigido también varias obras teatrales.


Iván Acosta (Dramaturgo/Director) – Prolífero dramaturgo, cineasta, director y productor. Su pieza teatral "El Súper" estrenada en New York con rotundo éxito y veinte años más tarde en Los Ángeles por la compañía teatral "La Avellaneda", le concede la celebridad internacional al dar lugar al filme homónimo rodado en 1979, y que es considerada la cinta más importante rodada por cubanos en el exilio. "El Súper" ha conquistado más de veinte premios en la arena internacional. Sus trabajos teatrales más recientes, dos monólogos, "Cosas que encontré en el camino", y "Carmen Candela", fueron leídos en el escenario del Teatro Retablo en la ciudad de New York. Su obra, "Rosa y el ajusticiador del Canalla" (finalista en Letras de Oro), fue adaptada a la pantalla y filmada como largometraje. Su estreno mundial se realizó en el verano del 2009.


Miriam E. Lezcano Brito nació en Camagüey . Es graduada de Actuación en la Escuela Nacional de Arte de La Habana (1968). Licenciada en Historia en la Universidad de La Habana (1981). Estudió además dirección teatral en el Instituto anexo al Teatro de Arte de Moscú (1975-1979). El Teatro de Arte de Moscú le concedió el título de Máster en Dirección Teatral.

Posee la categoría docente de Profesora Titular Adjunta del Instituto Superior de Arte de Cuba, donde ofreció clases de actuación. Ha impartido talleres de dramaturgia y dirección de actores en Cuba y el extranjero. Fue durante cinco años (2001-2005) profesora de Taller de Dirección de Actores en la Escuela Internacional de Cine San Antonio de Los Baños, La Habana, Cuba.

Miriam Lezcano desde de 1981 y hasta 1987 fue integrante del grupo Bertolt Brecht de La Habana, donde se desempeño como directora artística y general. Con este colectivo dirigió entre otros títulos: "La Boda de los pequeños burgueses" de Bertolt Brecht; "Don Juan de Moliere", "Valentín y Valentina" de Mijail Roshin, "Crimen en noche de máscaras" de Rodolfo Pérez Valero, y "El esquema" de Freddy Artiles.

En 1987 fundó y dirigió Teatro Mío de La Habana, junto a su esposo Alberto Pedro Torriente, uno de los mas notables dramaturgos cubanos de la segunda mitad del siglo XX, cuyas obras llevó a la escena creando así un prestigioso y polémico binomio, reconocido tanto en Cuba como en el extranjero, a través de numerosos eventos internacionales a los que fueron invitados.

Teatro Mío fue protagonista de agudas polémicas teatrales y contó con un extenso repertorio, con el cual realizó quince giras a importantes festivales escénicos de la lengua hispana y ha obtenido relevantes premios nacionales e internacionales.

En la actualidad Lezcano Brito se desempeña como directora artística de Akuara Teatro en Miami, Florida.

Wednesday, December 1, 2010

Dramaturgos y actriz reciben los Premios ICRA.

Foto: Luis de la Paz. Magali Boix, Raúl de Cárdenas e Yvonne López Arenal. Cuban Heritage Collection UM.

Dramaturgos y actriz reciben los Premios ICRA

Por Olga Connor.
Nuevo Herald.
12-1-2010.

En la quinta función anual de los Premios ICRA del Instituto Cultural René Ariza, una tradición en la Colección de la Herencia Cubana de la Biblioteca Otto Richter de la Universidad de Miami, se galardonó a los dramaturgos Raúl de Cárdenas y Héctor Santiago, y a la actriz Magali Boix. Esperanza de Varona, directora de la Colección, e Yvonne López Arenal, que preside el ICRA este año, dieron comienzo al acto con las biografías de los premiados y sus presentadores.

RAUL DE CARDENAS:

VIAJE A LA LUZ

Le tocó al dramaturgo y crítico, novelista y poeta Matías Montes Huidobro presentar a su amigo Raúl de Cárdenas, autor de Un hombre al amanecer, Premio Letras de Oro, que es, dijo, un "recorrido por la existencia martiana hasta la antesala de la muerte''. Esto le dio pauta para una indagación en la que fustigó a personas que "clavan la ponzoña del veneno'' por ingratitud o por falta de luz. Por contraste, dijo, De Cárdenas es un escritor en que se da" el sello de ascenso hacia la luz'' reflejado en "el humanismo auténtico que hay en los personajes y situaciones que nos encontramos en su obra''. Un ejemplo es La palangana, escrita a principios de la década de 1970 (recién montada en Miami), ``que se refiere a una palangana utópica que ilumina el solar habanero, en busca de la luz de una palangana bruñida, no oxidada, que se eleva sobre sí misma''.

Dos obras que también destacó fueron Recuerdos de familia, un recorrido de una familia cubana de 1944 a 1960, y Las Carbonell de la Calle Obispo, sobre la vida idílica en la época republicana. "En nuestro teatro hay mucha violencia, mucha política, mucho sexo, pero pocas relaciones íntimas donde la sensibilidad amatoria se imponga más allá del orgasmo'', aseveró Montes Huidobro. "En nuestra escena, son muchos los que se odian, bastantes los que están asediados por la lujuria, pero muy pocos realmente se comprenden y se quieren. Pero no es el caso de Raúl de Cárdenas, quien siempre ilumina lo que toca''.

De Cárdenas se sentía como si hubiera ganado un Oscar, declaró, agradeciendo a Matías y Yara Montes Huidobro, afirmando luego que su pasión era Cuba, nación que Fidel Castro ha tratado de destruir y él ha tratado de preservar.

HECTOR SANTIAGO:

EL ESCRIBANO

El relato del narrador y periodista Luis de la Paz sobre Héctor Santiago comenzó con un recorrido por Nueva York junto al dramaturgo. "Horas alrededor de Battery Park, el barrio chino, la pequeña Odessa, la zona de Coney Island. De un extremo a otro de la ciudad, hasta caer, ya de madrugada, exhaustos, en la rotonda de Columbus Circle, justo a la entrada al Parque Central donde se encuentra el monumento a las víctimas del acorazado Maine, que estalló en el puerto de La Habana en febrero de 1898''. Santiago no pudo venir a la presentación del Premio y desde lejos envió un largo escrito que comenzaba con estas palabras: "El teatro ha sido mi vida, y a nadie deben premiarlo por vivir''.

Nacido en La Habana en 1944, Santiago ha estado ligado al teatro de todas las formas y maneras, "unas veces como asesor literario, director y dramaturgo; en otras como actor, titiritero, coreógrafo, bailarín y pintor'', dijo De la Paz. Escribió crítica teatral para La Gaceta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y el periódico Juventud Rebelde. Pero sus vicisitudes comenzaron con un encierro en los campamentos de la UMAP, luego fue víctima de la espeluznante ``parametración'', y más tarde pasó años en prisión hasta que en 1979 logró salir de la isla. Con 100 obras escritas tiene nueve publicadas, y 10 puestas en escena en Estados Unidos, México, Brasil y Paraguay. Su Premio Letras de Oro, por Vida y pasión de La Peregrina, sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda, se estrenó en el Teatro Avante.

MAGALI BOIX EN

PALABRAS DE SU HIJO

El fotógrafo Iván Cañas, hijo de Gloria Magali Boix Arenal, fue el reseñador de su vida en el acto del ICRA, lo que provocó una respuesta emocionada de la actriz. Se remontó a su nacimiento en 1925 y continuó con su actuación como niña precoz en el Teatro Nacional, que la inspiró a dedicarse a la locución en radio y televisión, y a ser parte del elenco de la radio novela El derecho de nacer, de Félix B. Cagnet. Pero pronto se interesó en hacer teatro, y en 1956 desempeñó un papel en El caso de la mujer asesinadita, de Miguel Mihura, con Adela Escartín, dirigida por Carlos Piñero. También protagonizó Espíritu burlón , bajo la dirección de Rubén Vigón.

Las restricciones en la radio y televisión, después de 1959, lanzaron a Magali Boix de nuevo al teatro, en el rol protagónico de La muerte de un viajante, con Vicente Revuelta. Incursionó también en el celuloide con El robo y En días como éstos. De esa etapa se recuerdan sus actuaciones en Las brujas de Salem, El robo del cochino, Las impuras, Las vacas gordas, La soga al cuello, Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba, Yerma y María Antonia. Desde 1993, en el exilio, ha seguido actuando esporádicamente, especialmente en obras de Federico García Lorca.

Monday, November 22, 2010

Premios René Ariza 2010. GALERÍA.




Entrega de Premios René Ariza en el Cuban Heritage Collection de UM.

Fotos: Miguel Pascual, Luis de la Paz y Alba Borrego.

Sunday, November 21, 2010

Raúl de Cárdenas premio René Ariza.


Foto: Luis de la paz. Raúl de Cárdenas recibe el premio René Ariza, lo entrega Yvonne López Arenal. Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami.



Foto: Luis de la Paz. Matías Montes Huidobro durante la presentación del premio.

RAUL DE CÁRDENAS

por Matías Montes Huidobro

Es para mi un privilegio hacer la presentación de Raúl de Cárdenas con motivo del homenaje que le hace el Instituto Cultural René Ariza esta noche. Cada vez que tengo que preparar una presentación, dar una charla, decir unas palabras por breve que estas sean, empiezo un largo monólogo interior, como los de “Extraño interludio” de Eugene O´Neil , con ese órgano implacable que es el cerebro, con el propósito de decir algo significativo y apuntar al objetivo. Odio la improvisación, porque los que improvisan acaban por no decir nada para ser breves, o porque no tienen nada que decir, salvo unos cuantos que lo han coordinado todo en su cerebro, que son los menos, y que por lo tanto no improvisan. En el proceso de hilvanar unas ideas con motivo de este homenaje, de pronto me doy cuenta. ¿No es acaso Raúl de Cárdenas el autor de “Un hombre al amanecer”, Premio Letras de Oro, donde hace un recorrido por la existencia martiana y termina colocándolo en la antesala de la muerte? Una indagación sobre Martí me parecía pertinente. El 15 de febrero del año 1898 Martí escribe en su diario: “Soñé que, sobre la lanza oxidada no daba luz el sol, y era un florón de estrellas y llamas, la lanza bruñida” (que es un modo cabal de definir a los hombres). “Y admiré, en el batey, con amor de hijo, la calma elocuente de la noche encendida, y un grupo de palmeras, como acostada una en la otra, y las estrellas, que brillaban sobre sus penachos.” (que es un ascenso luminoso, como si fuera un cuadro de Van Gogh). ¿No es leer a Martí el mejor homenaje que puede hacérsele a Raúl de Cárdenas que sigue el principio martiano de “cultivo una rosa blanca” de “honrar honra” y, por extensión “deshonrar deshonra”? Hay criaturas perversas que se arrastran sobre la tierra con su ponzoña envenenada, pero hay otros que se elevan hacia la luz para limpiarse de la escoria. “La ingratitud” escribió Martí el 3 de abril de 1898, “es un pozo sin fondo, y como la poco agua, que aviva los incendios, es la generosidad con (la) que se intenta corregirla.” Es decir, que la generosidad, y he aquí la gran paradoja martiana, no es suficiente para extinguir el fuego de las criaturas perversas. Y sigue escribiendo en su diario: “El ignorante pretencioso es como el cobarde, que para disimular el miedo da voces en la sombra. La indulgencia es la señal más segura de la superioridad”. No es casual que Raúl de Cárdenas haya escrito Un hombre al amanecer porque el sello de ascenso hacia la luz que se desprende de su persona, va a reflejarse a su vez en el humanismo auténtico que hay en los personajes y situaciones que nos encontramos en su obra, desde el momento en que escribe La palangana a principios de los años sesenta, donde no se refiere a una palangana cualquiera, sino a una palangana utópica que ilumina el solar habanero, la miseria colectiva, en busca de la luz de una palangana bruñida, no oxidada, que se eleva sobre sí misma, el subtexto dramático que trasciende la chusmería y le da a la obra el valor último que hay detrás de ella. Pero como bien dice Ivan Schulman al sintetizar las ambivalencias martianas, que configuran un péndulo que va de la luz que ciega al fondo más oscuro y siniestro de la condición humana, “en su vertiente se encuentran símbolos de elevación: monte, águila, luz, estrella, antorcha, copa, oro, sintetizados dentro de una estructura compuesta o en contraste con otros símbolos de profundidad, tales como abismo, buitre, yugo, carbón, uña, cerdo, antro y fango”; es decir, los escarabajos de la conducta humana, porque en Martí el negro juega, como en la pintura de Caravaggio, un papel tan importante como la luz.


El problema que se le presenta a Raúl de Cárdenas es que cubre las flaquezas y la maldad de sus personajes con esa “generosidad” que mencionaba Martí, a veces con ocurrencias que proceden del sentido del humor del autor y su habilidad para transcribir el lenguaje popular, como se ha dicho siempre de la conducta del pueblo cubano que, a través del humor, deja resquicios abiertos en medio de la sordidez de la acción y de las situaciones. De Cárdenas, inclusive en piezas más turbias como “Nuestra señora de Mazorra”, prefiere dejar pasar un rayo de luz que ilumine las tinieblas. El texto transparenta la luminosidad de su persona, capaz de bajarse con diálogos y expresiones que rompen con el canon del bien decir, pero que sin embargo mantiene una pulcritud substancial y huelen a limpio. Esta característica que es innata en el dramaturgo, límpida, se vuelve impermeable ante esa lluvia de escoria que ha jugado un papel tan significativo en la historia cubana del siglo XX.


Hace años, “Recuerdos de familia”, una de sus piezas más logradas, apareció publicada en Editorial Persona, que Yara y yo dirigíamos en Hawai. “Recuerdos de familia” responde exactamente a esta luminosidad que hay en la obra de Raúl de Cárdenas, y sigue siendo una de sus mejores obras. Hace el recorrido de una familia cubana de 1944 a 1960, con fechas exactas en las acotaciones. Esto no quiere decir que la familia de los Molina escape de la discordia, y no acabe destrozada por el vendaval histórico. El recorrido histórico del grausato a la revolución estuvo preñado de escollos, y tanto en uno como en el otro no faltaron quiénes hicieran (y hacen hoy en día) todo el daño posible. Carlos Fuentes decía, que hay familias que se autodestruyen, y esto pasa con harta frecuencia en esta familia cubana de la que todos formamos parte, como si fuera una morbosa y patológica aberración de la conducta. Sin embargo, en el caso de Raúl de Cárdenas, el dramaturgo resiste entregarse a este punto de vista, como ocurre con esas Carbonell de la Calle Obispo, mujeres sin tragedia que viven una idílica republicana. Sin embargo, no regresa al pasado para permanecer estancado en una época ya ida, sino para reafirmar los valores que se perdieron. Particularmente el amor, que es casi el personaje ausente de la dramaturgia nacional, está presente en sus caracterizaciones, entre padres e hijos, entre hermanos, y particularmente entre un hombre y una mujer.


En nuestro teatro hay mucha violencia, mucha política, mucho sexo, pero pocas relaciones íntimas donde la sensibilidad amatoria se imponga más allá del orgasmo. En nuestra escena, son muchos los que se odian, bastante los que están asediados por la lujuria, pero muy pocos realmente se comprenden y se quieren. Ultimamente, muchos que enseñan el culo, que es lo que yo llamo, en mi teoría crítica, la “gestualidad antropológica” de la “conciencia colectiva”, que tan frecuentemente usan los monos. El castrismo, que es una enfermedad contagiosa y que peligrosamente trasmite su virus venenoso de una generación a la siguiente y de una orilla a la otra, inclusive entre los que se creen inmunes o se hacen pasar como que no lo tienen, nos ha vuelto quizás más dañinos y feroces, como si no hubiéramos aprendido la lección y nos diera cierto regocijo interno el ensañamiento. Pero no en el caso de Raúl de Cárdenas, que siempre ilumina lo que toca. En “Recuerdos de familia” no ocurren tales cosas de una forma descarnada. Raúl, que prefiere los términos de “su” realidad idílica del “cultivo una rosa blanca”, decididamente deja la tortura y el teatro de la crueldad para otros y adopta los términos más racionales de la comedia dramática, como en el arquetípico caso de la obra a la cual estamos haciendo referencia. La textura de lo desaparecido está marcada por el autor como si Cuba misma se fuera a pique. Sin perder el humor, sostiene la tristeza con una emoción interna que le viene de adentro e ilumina el texto.


Y sin embargo, ¿dónde están el abismo, buitre, yugo, carbón, uña, cerdo, antro y fango de ese binomio martiano que hace, en el descenso, que seamos martianos todavía y de pura cepa? ¿Dónde esta esa pizca de la perversión moral en los caracteres que le faltaba a la dramaturgia de Raúl de Cárdenas para llegar al trasfondo de esa conducta de los escarabajos que forma parte de ese binomio que hay en el pensamiento martiano? ¿No hace acto de presencia? La mayor parte de las veces la elude, como si le repugnara ponerse en contacto con ella. Finalmente, veinte años después, hará acto de presencia de otro modo a través de un texto medular en el cual yo creo que culmina su dramaturgia, el “El pasatiempo nacional”, que parte de un título que es todo un acierto, ya que adquiere multiplicidad de significados: (a) referencia a una actividad deportiva que siempre ha tenido mucha importancia en la vida nacional, (b) la conducta sexual como segunda opción en la multitud interpretativa del título (c) la delación como una degeneración política que se vuelve norma de conducta, convertida en pasatiempo marxista; (d) y la temática de las dos orillas desde hace más de medio siglo. Estas diferentes opciones se desarrollarán al unísono a lo largo de la obra con una dinámica estrictamente teatral.


La transición de la luz a la sombra, el salto que va a dar Raúl de Cardenas dentro de un conflicto homoerótico, no va a expresarse alambicadamente en un loveseat junto a coffe table oyendo los acordes mozartianos de un “confutati maledictus”; va llegar a través de un cubanísimo juego de pelota, con todas las implicaciones metafóricas que tienen estas últimas en el argot popular, ya sean heterosexuales u homosexuales. En este caso, aunque hay su toqueteo físico, este no es gratuito sino en función de una temática conducente a un entendimiento del proceso personal y escénico que lleva al reconocimiento de la identidad sexual de los personajes, dentro de un contexto histórico. Por otra parte, la relación afectiva que se establece entre los personajes responde a ese principio del amor, la comprensión, la ayuda mutua, que caracteriza a una pareja que se quiere más allá de las relaciones estrictamente fisiológicas, y que permite que cualquier espectador, dejando a un lado su propia identidad sexual, logre entender una situación que, bajo otras circunstancias, corre el peligro del rechazo.


Entre todos los textos del discurso homoerótico en la dramaturgia cubana, con los que sólo pueden competir los de José Corrales con “Cuestión de santidad” y “Otra historia” de Pedro Monge Raful, “El pasatiempo nacional” es uno de los logrados porque el conflicto no se limita a las relaciones entre Yuri y Miguel Angel, sino que se amplía dentro del complejo entarimado de la situación política cubana, y los conflictos familiares sufren un vuelco total con connotaciones inesperadas. La lucha tribal entre padres e hijos, de tan larga tradición en la escena nacional, tiene una nueva dimensión dentro del discurso de la sexualidad, ya que Miguel Angel no es mujeriego sino homosexual. El autor no elude poner el conflicto familiar dentro del vórtice, sin cortapisas ni medias tintas, que es lo que le da mayor impacto y convierte la situación en un eros-político, con guión, término de mi autoría que espero no tener que explicar a ningún ignorante. La caracterización de César, el padre de Miguel Angel, que es posiblemente el personaje más tarado de todo el teatro de Raúl de Cárdenas, es excelente.


Quiero advertir que las dos últimas páginas las leí con el corazón en la boca, temiendo que luz martiana cegara al dramaturgo eludiendo el lado martiano de las sombras, y que con un gesto de debilidad le tirara la toalla al viejo degenerado. Inclusive creo que dudó, porque estuvo a punto de sacarlo de escena vivito y coleando. Afortunadamente hay una segunda vuelta y tras una batalla campal el hijo lo asfixia y después se mata él, como hacía Shakespeare, que no dejaba títere con cabeza. Al final, las luces disminuyen hasta llegar a una oscuridad absoluta, abismo, buitre, yugo, carbón, uña, cerdo, antro y fango, del binomio martiano. Es cierto que le costó trabajo, pero finalmente Raúl de Cárdenas se convirtió en un parricida.


No obstante lo dicho, la excepción confirma la regla, y Raúl de Cárdenas por su trabajo, su perseverancia, su amor al teatro, y por su personalidad, que lo vuelve el más lumínico de nuestros dramaturgos, a pesar de estas incursiones ocasionales por las tinieblas, bien merece el homenaje que el Instituto Cultural René Ariza le otorga esta noche, a su persona y a su obra, y espero que mis palabras dejen constancia de este honor a quien honor merece.


Héctor Santiago premio René Ariza.

Foto: Luis de la Paz. José Abreu Felippe recibiendo el Premio René Ariza en nombre del dramaturgo Héctor Santiago. Entrega el premio Yvonne López Arenal. Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami.



Foto: Miguel Pascual. Luis de la Paz durante la presentación del Premio.


Héctor Santiago, el escribano


Por Luis de la Paz


El dinamismo y la vitalidad propia de la ciudad nos impulsaban a adentrarnos en calles, a detenernos ante un sitio, unas veces por majestuoso, otras por su apariencia anacrónica en medio de la más espesa modernidad. Al partir desde las inmediaciones de Time Square, donde estaba mi hotel, una fresca mañana de octubre, hasta volver a cruzar la luminosa plaza, bien entrada la madrugada del siguiente día, trascurrió una larga, extenuante, maratónica y exquisita jornada con Héctor Santiago. Unas 15 horas de andar por Nueva York, donde la literatura, el arte, el peso del exilio, la bajeza de unos, el altruismo de otros, los males del alma y los físicos, la muerte y la soledad fueron los temas que marcaron las horas... horas alrededor de Battery Park, El barrio chino, La pequeña Odessa, la zona de Conney Island... De un extremo a otro de la ciudad, hasta caer, ya de madrugada, exhaustos, en la rotonda de Columbus Circle, justo a la entrada al Parque Central donde se encuentra el monumento a las víctimas del acorazado Maine, que estalló en el puerto de La Habana en febrero de 1898. Allí continuó nuestra conversación, como si quisiéramos que nunca acabara el tiempo. Un tiempo que, el real, servía de enlace con el pasado, no siempre placentero, muchas veces rodeados de sobresaltos y recuerdos trágicos. No podía ser de otra manera. Héctor ha sido duramente golpeado por la vida, y sólo el arte como pasión, y sus dioses, ya sean los yorubas o los que invitan a la meditación, le imprimen la energía necesaria para mantener el aliento.


A orilla del Hudson, Héctor me hablaba de La Habana, la ciudad donde nació en 1944. De sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. De los cursos en el Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional de Cuba. De cómo desarrolló una amplia labor en distintos grupos de teatros habaneros, unas veces como asesor literario, director y dramaturgo; en otras como actor, titiritero, coreógrafo, bailarín y pintor.


En la convulsa e inestable capital cubana de los años sesenta, ejerció la crítica teatral para la Gaceta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y el periódico Juventud Rebelde. Si bien esos recuerdos encierran cierta satisfacción, hubo etapas desalentadoras, que lo llevaron a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, las tristemente célebres UMAP, o a ser víctima de la espeluznante parametración que desató una cacería contra los artistas, los homosexuales y los religiosos. Héctor pasó años en prisión hasta que en 1979 logra salir de la isla y comenzar su vida de exiliado en Nueva York, donde lleva viviendo más de tres décadas.


Como una puesta en escena, Héctor dosifica sus emociones mientras se expresa. No hay rencor, ni odio en su voz, pero sí, creo, falta la dosis de perdón que algunos reclaman. ¿Por qué perdonar?, me pregunto yo, si los victimarios no se han arrepentido, y por el contrario siguen, sometiendo a los cubanos.


Héctor me habla de la satisfacción de vivir en Nueva York y de sus vínculos con grupos de teatro en español e inglés. Se refiere a las 9 obras que tiene publicadas, al estreno de 10 de sus piezas en Estados Unidos, México, Brasil y Paraguay y se manifiesta agradecido por el Premio “Letras de Oro” que recibió por su obra Vida y pasión de La Peregrina, obra en tres actos sobre la agitada vida de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Esta obra fue estrenada durante el XIII Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, en 1998, por Teatro Avante, bajo la dirección de Mario Ernesto Sánchez.


Otros premios recibidos por Héctor.


De estos no me habló en la larga jornada neoyorquina, fue 2do. Premio Teatral del “Concurso Chicano/Latino” de la Universidad de Irving, en California. También recibió un 2do Premio en el Concurso Internacional “Monólogo Dramático” de Ediciones de la Discreta, Madrid, España, el 1er. Premio Teatral Concurso Internacional “Alberto Gutiérrez de la Solana” del Círculo de Cultura Panamericano, en New Jersey.


Pero Héctor no es sólo dramaturgo. Como ya se apuntó, también es narrador, poeta y pintor. Ya en 1961, en la mítica Ediciones El Puente, creada por el poeta José Mario, publicó el cuaderno Hiroshima bajo el nombre de Santiago Ruiz. Por su labor como poeta y narrador ha recibido el Primer Premio y Primer Accésit del Concurso Internacional de Cuentos “Enrique Labrador Ruiz” del Círculo de Cultura Panamericano, así como el 2do. Accésit del Premio de Poesía Concurso Internacional “Eugenio Florit” del mismo Círculo de Cultura Panamericano. Quienes hemos seguido su trayectoria sabemos que textos suyos han sido traducidos al inglés, francés y catalán. Tiene publicados poemas, cuentos, ensayos y artículos periodísticos en diversas publicaciones de Estados Unidos, y en varias revistas de la Web. Sobre este aspecto, puedo decir que en la Revista electrónica el ateje, que tuve el placer de editar entre el 2001 y el 2008 junto a Jesús Hernández, publiqué 12 obras de Héctor Santiago, además de poemas, cuentos y ensayos.


El teatro ha sido para Héctor su aliento vital. Pero sería injusto si sólo digo el teatro, también lo es la poesía, la novela, el cuento; pero sí, sobre todo el teatro. Su dramaturgia abarca más de cien obras, divididas en los “ciclos”: Crónicas contemporáneas, Los rituales del miedo, Los rituales de la libertad, El amor bien amado, Los payasos de Dios y La memoria y el olvido. Cada uno de estos ciclos le da cabida a varias obras. Algunas de estas piezas han sido publicadas en formato digital, otras aparecieron en libros o revistas especializadas. Entre sus obras destacan La noche de la chambelona, El loco juego de las locas y Rosalba la lluvia, las tres publicadas en 1995 por la Editorial Libretas, en New Jersey. El teatro, la literatura, incluso hasta los cuadros que pinta Héctor Santiago, tienen mucho que ver con sus experiencias vitales, con sus sueños, con su pasión por el arte. Un dulce cafecito, Pasiones y mordazas de Sor Juana Inés de la Cruz, pieza estrenada en México con la actriz Verónica Santoyo y la dirección de Manuel Martín; Aventuras del arlequín enamorado, Balada de un verano en La Habana, llevada a escena en Miami por Herberto Dumé en el pequeño espacio de Creation Art Center que regentaba Pedro Pablo Peña. Una sólida obra sobre la reconciliación y el reencuentro entre hermanos divididos por el castrismo. Este es un tema recurrente en el teatro y la literatura cubana de este medio siglo bajo el castrismo. Otra de las obras de Héctor dirigida por Dumé fue la exitosa En busca del paraíso, que contó con las actuaciones de Eliana Irivicu, Jorge Reyes, Julie de Grandy y Jorge Trigoura, una pieza donde el tema central es la desesperación de muchos cubanos que se ven forzados a intentar las más increíbles fugas para escapar de la isla.


Durante la larga noche otoñal con Héctor hablamos de otras obras suyas, como El día que se robaron los colores, de temática infantil. También me habló de La eterna noche de Juan Francisco Manzano, y de Crónica y contracrónica de Juana La Loca. Para él, los personajes históricos son fascinantes y en gran medida encarnan la lucha por abrirse paso, el enfrentamiento a su época, y eso es también la esencia de la dramaturgia de Héctor Santiago.


Yo le mencioné Madame Camille, escuela de danza, y lo incité a que me hablara de la puesta de esta obra en Brasil. También conversamos sobre La diva en la octava casa, de la lectura dramatizada que de ella realizó el Instituto Cultural René Ariza con Orquídea Gil y Chistian Ocón, y de la puesta en escena que posteriormente realizó Juan Roca, en Havanafama Teatro Estudio, con las actuaciones de Yesler de la Cruz y Ángel Lucena.


De ese sólido centenar de piezas que integran la dramaturgia de Héctor Santiago son Voces de América, Nuestra señora de los diamantes y El último vuelo de La Paloma, que fue presentada recientemente en Havanafama como parte de las conmemoraciones por el 30 aniversario del Mariel.


El descompuesto mundo alucinante de dos incorregibles locas pánicas, es una farsa en cinco rituales, perteneciente al ciclo: Los rituales del miedo, es la entrega X de esa serie. En ella los personajes son Reinaldo Arenas y Virgilio Piñera en un encuentro en La Habana en 1979. Aventuras del arlequín enamorado, comedia del arte en tres actos, fechada en 1997. Esta obra fue comisionada por la actriz Vivian D’angelo y dedicada a ella, para celebrar los 100 años del nacimiento de Federico García Lorca y estrenada en el American Theatre of Actors, en Nueva York, en marzo 30 de 1998, bajo la dirección de Luis Caballero.


De temática afrocubana, es Chango, Olufina, Alafin de Oyo, una tragedia de orishas afrocubanos en tres actos. Esta obra se inserta en la importancia que Héctor le da a los temas afrocubanos que además de su teatro, se refleja en su plástica, sobre todo en la serie de sillas. El mundo de los orishas nos consumió un buen tiempo. Luego recordé un texto suyo sobre el tema que me parecía esclarecedor. Allí él expresaba: “En 1958 sin conocimientos de dramaturgia, aunque ya incursionando en el mundo cultural, escribí mi primera obra teatral y desde entonces, «envenenado» por el teatro, al año siguiente, con quince años, en 1959, escribí una tragedia llamada Iroko inspirada en un mito afrocubano. Esta obra surgida por la influencia de mi familia negra que practicaba la Santería, y eran informantes de Lidia Cabrera, Fernando Ortiz, Rómulo Lachatañeré. Isaac Barreal e Isaac León —muchos de los cuales moldearon mi pasión cubana–, fue la responsable de mi carrera como dramaturgo y teatrista profesional, ya que el folclorista Fernando Ortiz, al leerla, la dio al etnólogo Isaac Barreal, que se la entregó al musicólogo Argeliers León; éste se la pasó al dramaturgo Fermín Borges, en aquel momento director del Departamento de Teatro del Teatro Nacional de Cuba, lo que hizo que me dieran una beca en el recién creado Seminario de Dramaturgia dirigido por la escritora Mirta Aguirre, la cual junto con Borges la eligió para inauguración de la sala "Covarrubias" del TNC en la entonces Plaza Cívica de La Habana. Pero el grupo de miembros del Partido Socialista Popular dirigido por Vicentina Antuña, que controlaba el Consejo Nacional de Cultura, junto con la directora del TNC Isabel Monal, se opuso por las connotaciones religiosas de la obra. Desde entonces, en tres diferentes ocasiones fui detenido por la Seguridad del Estado, mi casa registrada y todos mis manuscritos incautados. en cada uno de esos registros perdí un manuscrito de Iroko, hasta que finalmente quedé sin ninguno. Muchos años después, ya en el exilio, volví a rescribir ésta —así como otras– con los jirones de la memoria, pero al no escapar a mi madurez como dramaturgo el resultado tenía nuevos elementos, así que sabiendo que ya no era la misma obra decidí darle un nuevo título. El mito de Iroko. En toda mi obra la temática afrocubana es abundante, y no comprendo como, con la enorme influencia negra que tenemos, por qué su escasa manifestación en la literatura cubana de ambas orillas. Quizás los que resguarden mi cuantiosa obra inédita, después de mi muerte puedan regresarla a una nueva Cuba, y si se salvan del fuego, encuentren los viejos manuscritos secuestrados en los sótanos de la Seguridad del Estado”.


El número 9 de la revista electrónica el ateje, llevó por título Seis dramaturgos cubanos, donde se quiso ofrecer una mirada, limitada, pero mirada al fin, al teatro cubano del exilio. Entre lo autores que formaron parte de ese número están José Abreu Felippe, Raúl de Cárdenas, Maricel Mayor Marsán, Pedro Monge Rafuls, Jorge Trigoura y de Héctor Santiago, con una pieza con nombre muy de telenovela, Las pecadoras de Río Escondido o flor de pecado, un drama en seis escenas, que toma lugar en un prostíbulo de travestís llamado La última noche que pasé contigo, en la selva atlántica. También en el ateje se publicaron El milagro de e Madame Kirosvska, la ya mencionada En busca del paraíso, Su majestad el Rey y el bufón sodomita. Esta obra es la segunda del ciclo Los payasos de Dios. La clave de esta farsa está en sus personajes: el rey barbudo, el bufón sodomita y el soldado. La acción tiene lugar en una celda, en las mazmorras de un castillo.


El loco juego de las locas es una obra muy importante dentro de la dramaturgia de Santiago. Es la cuarta pieza del ciclo Crónicas contemporáneas. El autor da fe de “la veracidad de los acontecimientos, los datos y los personajes” que integran su obra y la dedica a “todos los que murieron, fueron torturados, enloquecieron, se suicidaron, perdiendo su juventud, su inocencia, su vida. Pero en especial a Benjamín que a los dieciséis años prefirió la muerte corta de 200 aspirinas que la larga de vivir en el espanto cubano, tras ser detenido doce veces en el mismo día por el solo delito de ser”. Entre los personajes acotados en esta obra se encuentran Reinaldo Arenas, Virgilio Piñera, René Ariza y Héctor Santiago. La acción tiene lugar en un apartamento en Manhattan y un campo de la UMAP, en Camagüey. La época es a partir de 1965, año en que se implantan estos campos de concentración llamados Unidades Militares de ayuda a la Producción.


También de temática afrocubana y dirigida para los jóvenes es Taita jicotea y taita ciervo. Esta obra en dos actos, pero para títeres, está inspirada en un cuento de Lydia Cabrera. La ambientación es el monte, con su flora y fauna, en la época colonial. Casi todos los temas esenciales están en la obra de este autor. Otro tema interesante en su dramaturgia se aprecia en La danza que bailan los moralistas, un homenaje a los bufos cubanos. Esta pieza en tres actos, escrita entre La Habana en 1968 y Nueva York en 1995, destapa otra de las facetas en el teatro de Héctor Santiago poco conocida y poco explorada, y es su afinidad al teatro costumbrista. Esta obra está dedicada a los grandes del género en Cuba, Candita Quintana y los bufos del Teatro Martí de la capital cubana, la sala por excelencia del teatro popular. El local está hoy día abandonado y en ruinas.


Mientras las horas de la madrugada hacían detener el flujo de carros en la rotonda de Columbus Circle, y Héctor me hablaba de su trabajo y de la pasión de vivir en Nueva York, yo pensaba que estaba ante un hombre marcado por dolorosas situaciones, las que ha enfrentado con dignidad y entereza. Reflexionaba sobre sus experiencias y vivencias. Me sentía satisfecho de ser amigo de un escritor de su altura, intenso en su prosa, agudo, reflexivo y sobre todo, muy cubano.


Sentí una gran alegría cuando me dijo: “Creo que ya es hora de irnos”. ¡Al fin, pensé!, pero inmediatamente agregó: “si quieres nos quedamos hasta el amanecer”. Cuando me dijo eso temblé. Pero en realidad la noche nos invitaba a continuar. No siempre se tiene la oportunidad de conversar con alguien con una vida tan interesante y bien vivida Se levantó y comenzamos a caminar por las calles, a esa hora sí ya bastantes tranquilas. Unas cuadras más adelante, la intensidad luminosa de Time Square volvía a dominar el paisaje, donde cada instante de vida es intenso.

Magali Boix Premio René Ariza.


Foto: Miguel Pascual. Magali Boix durante la ceremonia de los premios René Ariza. Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami.


Foto: Alba Borrego. Iván Cañas durante la presentación del premio René Ariza a Magali Boix.



Magali Boix una vida en el arte.


Por Iván Cañas.


Gloria Magali Boix Arenal, nace en La Habana en agosto del año 1925.


A la temprana edad de 8 años, en 1933, debuta en las tablas al recitar el poema Los zapaticos de rosa de nuestro apóstol José Martí, en el Teatro Nacional de Cuba. El público presente reconoció su incipiente talento para la declamación con aplausos prolongados.


De cierta manera, esos aplausos estimularon, consolidaron el futuro de quién sería una de las locutoras, primero de la radio, luego de la televisión, más conocidas de la isla. Con sólo 15 años Magali hace sus “pininos” en el mundo de la radio.


Al principio como actriz en programas costumbristas de la época, lo que le permitió más adelante, formar parte del elenco de la original versión de la Radio Novela más divulgada en la historia de ese medio, El derecho de nacer, de esa gloria de Cuba que fue y es Feliz B. Cañet.


La República de Cuba, a la vanguardia de la mayoría de los países latinoamericanos, e incluso de algunos de Europa, inaugura, en 1950 la televisión, un acontecimiento trascendental en el universo de las comunicaciones y la cultura mundial.


La televisión se nutrió en sus inicios, por osmosis, de la cantera artística que había formado la radio, su antecesor inmediato.


Magali pasó entonces, en plena juventud, con su perfecta dicción y una presencia nítida y cristalina, a locutora comercial de firmas como General Electric, que patrocinaron programas de profunda raigambre popular como "Conflictos Humanos" donde compartía la locución y la presentación del mismo con su colega Cepero Brito.


El rating de venta de los productos, y los sondeos de preferencias de programas televisivos, reflejaban que la gestión de venta, así como de aceptación de los programas, estaba estrechamente vinculado a la impronta que ella imponía con su presencia.


De esta manera, el "Colegio de locutores de Cuba" le entrega en 1956 su premio a la mejor locutora del año.


A pesar de sus éxitos como locutora de la televisión cubana, Magali quería algo que no existía en la TV. Quería el contacto directo con el público. Quería escuchar la sonora carcajada, o el suspiro desbordado de un público que escucha, ve, participa y siente en vivo y en directo el parlamento, las expresiones, la actuación. Esa magia no la daba la televisión, lo daba, lo da.... sólo el teatro.


Y es que quizás en su memoria había quedado grabada aquella ovación recibida en su infancia cuando declamaba aquello de: Hay sol bueno y mar de espumas, Y arena fina, y Pilar Quiere salir a estrenar, su sombrerito de pluma.


Y siguiendo entonces sus instintos acepta en 1956 un papel en El caso de la mujer asesinadita de Miguel Mihura donde compartió el escenario con una gloria del teatro universal, Adela Escartín en la puesta en escena de Carlos Piñero. También en esa época protagoniza Espíritu Burlón, bajo la dirección de Rubén Vigón.


Comparte entonces a partir de ese momento sus compromisos con la TV y su amor por el teatro. Poco después se produce entonces en nuestra patria el arribo al poder de la llamada Revolución. Apoyada al inicio por la mayoría de la población, ávida de cambios en nuestra patria, y que confió en el discurso prometedor de quien no sólo engañó a su pueblo, si no también a toda la humanidad, se comenzaron a ver errores garrafales en la conducción del país.


Uno de los primeros fue la intervención de todas las radio emisoras y los canales de televisión que fueron engullidos por el omnipresente estado. Desapareció entonces la gestión privada, la libre empresa, y con ello, el papel de los locutores.


Paradójicamente, éstas medidas tiránicas, le abren las puertas a Magali para su total dedicación al teatro. En 1959 comparte los roles protagónicos de La muerte de un viajante con Vicente Revuelta que también dirige la puesta en escena. Algo después conoce al director Dumé, y al escritor Abelardo Estorino, figuras claves en la historia de nuestras artes escénicas. Incursiona en el universo del celuloide al actuar en los filmes El Robo así como En días como estos. De esa etapa se recuerdan también sus actuaciones en Las brujas de Salem, El robo del cochino, Las impuras, Las vacas gordas, La soga al cuello, Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba, Yerma, Maria Antonia y muchas más.


Años más tarde, une sus fuerzas a las de Roberto Blanco, otro de los pilares de las artes escénicas de la isla, y ambos fundan el Teatro de Ensayo Ocuje. De esa etapa de trabajo en equipo se destacan las puestas en escena de Diario de Campaña, Ocujes dice a José Martí y María Antonia, entre otras.


A partir de esta fecha, Magali comienza a compartir su labor como actriz con la de productora. Descubre quizás, que como productora teatral, puede encauzar todas las energías que siempre la acompañaron, y que esta misión, puede ser tan creativa como la actuación. Como productora, y en medio de un país dominado por las carencias y las trabas burocráticas impuso su energía, su determinación y destreza, y resolvió problemas que parecían insolubles con una mezcla de pasión y deseo.


Llegó entonces a nuestra patria el oscuro período de la llamada "parametración". Todos los actores o actrices que, “o eran”, o se “sospechaba” que eran homosexuales, fueron dramáticamente despedidos de sus puestos de trabajo sin contemplación alguna. Magali ofreció y dio lo mejor de si misma para luchar contra esta injusticia social. Denunció y criticó esta actitud fascista y discriminatoria del gobierno y de la dirección del Ministerio de Cultura. Los protagonistas de aquella pesadilla siempre la recordaran por su actitud solidaria.


Siguiendo el camino de sus hijos, arriba al exilio en 1993, donde ha hecho esporádicas apariciones en las tablas. Entre las obras más destacadas se encuentran Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba. En la televisión de Miami participó en un gran número de comerciales publicitarios. Recibió en el 2006 La Medalla de la Excelencia Cubana, entregada por el Club San Carlos a quienes con su ejecutoria han enaltecido a la Republica de Cuba.


Creemos que este reconocimiento, el Premio René Ariza, le hace justicia a quien entregó su corazón, su alma y su vida al desarrollo del teatro cubano. Magali Boix.