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Thursday, November 10, 2011

Traficantes de pasión, lujuria, perversión, crueldad y hasta amor a la carta.

Foto: Iván Cañas. Yvonne López Arenal, Joan Vega y Carlos Alberto Pérez.


Una obra de teatro que aprovecha el valor universal de los textos que utiliza como referencia para brindar un panorama de decadencia social.

Traficantes de pasión, lujuria, perversión, crueldad y hasta amor a la carta.

CUBAENCUENTRO

Por Baltasar Santiago Martín

Como buena cocinera –no en balde su puesta anterior se llamaba El banquete infinito– ahora la actriz, escritora y directora Yvonne López Arenal nos sirve a la carta esta obra donde a cada uno de los actores le han tocado dos platos fuertes –sin postre a la vista, y mucho menos café, o al menos “cortadito”, para hacer menos intensa y laboriosa la “digestión” –. Y digo esto, porque tanto Yvonne López Arenal, Joan Vega como Carlos Alberto Pérez transitan de forma admirable de un personaje a otro, en un drama in crescendo que resuelven con total credibilidad y comedimiento, a pesar de lo terrible del desenlace, que justifica gritos y desgarres, que aunque no faltan, tampoco sobran.

La sala Avellaneda, de Teatro Akuara, ha sido la mesa donde se sirve este menú tan “dantesco” –aunque falte alguno que otro pecado capital, porque los que se muestran bastan para construir un verdadero infierno–, donde solamente tres actores asumen el enorme reto de desdoblarse en seis y convencer.

A partir de Las amistades peligrosas, de Pierre Choderlos de Laclos, y Cuarteto, de Heiner Müller, Yvonne hizo –según sus propias palabras a mi colega y amigo Luis de la Paz, para Diario de las Américas– “un trabajo de investigación que incluyó, además de la lectura y análisis de ambas obras, el escoger varias de las versiones hechas para el cine: Vadim, Stephen Frears, Je-Yong Lee y la de Milos Forman, como parte del proceso para llegar al texto final. Me encanta la intervención de lo cinematográfico en el teatro, combinar teatro y cine por así decirlo”.

Después de la función, sin haber leído las palabras previas, le dije a la actriz y directora que la obra me había parecido muy cinematográfica, y ella me contó que precisamente ésa había sido su intención, y también la de aprovechar el valor universal de los textos referentes para reflejar la decadencia intemporal de una sociedad que desafortunadamente no ha hecho mutis, pues continúan las guerras, la codicia, la ambiciones sin límites y las bajas pasiones, con el amor como un rayo de luz en medio de todo este pandemónium.

Traficantes de pasión es “un juego de crueldad versus un romanticismo erótico”, le refiere Yvonne a Luis al final de su nota, y yo me pregunto si es lícito llamar juego a lo que se baraja con tanta intensidad en esta obra, pues aunque al inicio, después de varias poses de grupo “fotográficas”, los tres protagonistas se invitan a jugar –“¿comenzamos el juego?” –, nada lúdico me parece este tráfico de bajas pasiones entre Isabel/ Madame Tourvel/ Yvonne; Sebastián/El presidente/Carlos A. Pérez; y Daniel/ Daniela/ Joan Vega.

Del mismo modo que Kinsey no pudo incorporar la variable “amor” –y aquí “variable” no es sinónimo de inconstante– a sus estudios estadísticos sobre la sexualidad del hombre y la mujer americanos –estadounidenses, para hablar con más exactitud– , el frío cálculo de la viuda Isabel es derrotado precisamente por el amor que surge entre… y …; perdón, mis queridos lectores, pero no les voy a contar la obra, para que vayan a verla y apoyen así al teatro en Miami, pues el texto y las actuaciones, así como el vestuario, la ambientación, la música y el diseño de luces del equipo formado por Carlos Rodríguez, Alba Borrego, Sergio González, Mario García Joya y Rolando Santini, ameritan que sorteemos el intenso tráfico miamense para acudir a ver este no menos tal “tráfico de pasiones”.

Baltasar Santiago Martín
Fundación APOGEO para el arte público
Miami, 7 de noviembre del 2011

Thursday, November 3, 2011

‘Traficantes de pasión’: Perversion and love-hate relationships in Akuara Teatro


Fotos: Iván Cañas.

‘Traficantes de pasión’: Perversion and love-hate relationships in Akuara Teatro

Yvonne Lopez Arenal -director of Miami’s theater group Akuara Teatro- is also the author of ‘Traficantes de pasión’ (Passion Dealers), a play based on ‘Dangerous Liaisons’ by Pierre Choderlos de Laclos and ‘Quartet’ by Heiner Müller (considered by many to be the most important German dramatist of 20th century after Bertolt Brecht.)

It’s amazing to see the way she has combined on stage the charm of the 18th century, taken from Chordelos’ drama, with the postmodern influence of Müller, although the characters never refer to a particular point in time. The play is an absolute feast for the eyes thanks to the plastic movements of the actors –Yvonne Lopez Arenal, Carlos Alberto Perez, and Joan Vega– and the scenery and costumes by Alba Borrego. Each actor takes on different roles and the transitions from one to another give the performances a sense of playfulness, thanks to the use of ornate original masks.

Further adding to the great chemistry on stage is the interaction between Lopez Arenal and Perez as the evil Isabel and her ex-lover Sebastian. Both are professional and convincing as the intriguing couple seeking for revenge in a story full of perversion and love-hate relationships. Joan Vega supports them successfully as the thread holding it all together from start to finish of the show.

Akuara Teatro: Sala Avellaneda.
4599 SW 75 Ave.
Miami, FL. 33155.

786 8531283
Akuarateatro1@gmail.com

Wednesday, October 26, 2011

Traficantes de Pasión. Reseña.

Foto: Iván Cañas. Carlos Alberto Pérez e Yvonne López Arenal.


Foto: Iván Cañas. Yvonne López Arenal y Joan Vega.


Traficantes de pasión [Reseña]
Ignacio Granados.

Friday, October 21, 2011

La puesta más reciente del grupo AKUARA Teatro hacegala una vez más de lo que mejor distingue a su proyecto; un pulso equilibrado y una intuición, por los que sin perderse en el elitismo intelectual tampoco cae en la grosería de subestimar al público. Esta vez, la obra y el concepto mismo son extremadamente complejos y cargados de sutilezas; pero con un resultado que lo exige y amerita, y que es la mejor muestra de su devoción por las tablas. Con una adaptación de Las amistades peligrosas de Pierre Choderlos, pero enriquecida con la pieza Cuarteto de Heiner Müller; Traficantes de pasión se las ingenia para explotar el viejo recurso del teatro en el teatro de verdad, integrando en proscenio un conflicto de bambalinas que se sirve del drama mismo para insinuar otro. Nunca mejor logrado el tan llevado y traído extrañamiento de Bertold Brecht, como una rasgadura en el cortinaje de la cuarta pared que deja ver lo que pasa entre los actores; desgraciadamente, dado el nivel de la crítica local, detalles como este quedarán sin ser dichos, aunque afortunadamente serán vistos por quien tenga la fortuna de asistir a este espectáculo.

Mención muy puntual e importante para Yvonne López Arenal, que además de la actuación asumió el libreto y la dirección; con lo que se dio el lujo de dibujarse la obra con que sueña toda diva del teatro, en que debe desdoblarse entre el protagónico y la antagonista... además de la actriz que las encarna. Como guante en la mano le queda el partenaire, Carlos Alberto Pérez, haciendo gala de su impresionante presencia escénica y la plasticidad de su coreografía; si bien el día del estreno —comprensible quizás, estrés probable, fact sin dudas— dejó ver un problema de dicción que va siendo recurrente, y con el que por momentos maltrató un hermoso texto. Mención especial para Joan Vega, que desanda con soltura sus tres personajes; si bien los tres no tienen la misma suerte de ser tan vistosos, yendo desde el mero incidental al climático. Llama la atención que por primera vez en Miami el travestismo teatral fue verdaderamente teatral y no manido, logrando incluso cierta descaracterización y desasosiego necesarios en el mejor de sus personajes; una criada muda, que por amor [literal] a su dueña la traiciona, y conduce la obra a una catarsis perfecta; donde el increíble guión se atreve a la apoteosis del romanticismo, con una sublimación sólo equiparable al Don Juan de Zorrilla y el ballet Giselle.

Como siempre, la producción de lujo de Alba Borrego con el concurso inigualable de Carlos Rodríguez y Sergio González; proveyendo una utilería que se impone en su valor escenográfico, y un vestuario que habla de sus recursos e imaginación. El diseño de luces, como siempre, otro lujazo envidiable; debido al genio de un Mario García Joya suelto en toda su creatividad, luego del magisterio del cine. Eso sí, la obra decididamente no es apta para menores y se recomienda supervisión para los jóvenes; porque será fino, pero el sexo es sexo, y la sensualidad desborda en esta obra que no por gusto se llama Traficantes de pasión.

Viernes 28 y Sábado 29 "Traficantes de pasión"
Temporada Octubre - Noviembre.
Akuara Teatro
4599 Sw 75 Ave. Miami FL 33155.
Informes: 786 853128

Thursday, August 11, 2011

Teatro: El banquete infinito

Fotos: Iván Cañas.




El banquete infinito

La precocidad contrarrevolucionaria de Virgilio Piñera en torno al tema del hambre, expresada en El flaco y el gordo, será retomada por Alberto Pedro con El banquete infinito

Matías Montes Huidobro
, Miami | 11/08/2011
Cubaencuentro.


Cuando a principios de la Revolución se estrena en Cuba El flaco y el gordo,Virgilio Piñera no hizo más que anticipar toda la trayectoria del hambre que va a ser la nota caracterizadora de un proceso ideológico dominado por el estómago (con sus raíces literarias en la picaresca española y “la importancia del tasajo” presente en nuestro teatro vernáculo), razón de ser de todas las revoluciones, que no se gestan en el cerebro (como pudiera pensar el pensamiento marxista) ni en el corazón (como pudieran haberlo hecho los románticos del siglo XIX) sino en ese largo proceso que nos lleva de los placeres gustativos a la larga trayectoria intestinal que conduce al más definitorio y existencialista de todos los desenlaces, el cual, a su vez, nos encamina hacia el no menos filosófico tema de la mierda, que a la larga es a la materia subyacente pero que vamos a pasar por alto en este momento. Tan delicado asunto, deja constancia de la garra castrista, como demuestra Alberto Pedro en El banquete infinito, y aunque nunca lo conocí, por el carácter irreverente de su obra, estoy seguro que estaríamos de acuerdo.

El tema de la comida es definitivamente uno de los más caracterizadores del arte de la conversación de los cubanos, que en eso nos parecemos a los franceses, ya que a la hora del almuerzo estamos, ellos y nosotros, hablando de lo que nos llevaremos a la boca durante la cena; y que en Cuba va a tener uno de sus momentos culminantes en el llamado “período especial”, construyéndose así la imagen substancial de una Revolución que trascendiendo lo ideológico va a parar en el más primario de todos los procesos fisiológicos, el de la digestión, cuya solución no ha encontrado, y que de no poder llevarse a efecto debidamente produce, como en el caso del corazón y del cerebro, al más trágico de los desenlaces en ese lugar tan representativo de los avatares de la revolución cubana donde “resolver” sería la respuesta cotidiana de lo insoluble. Se trata, en realidad, de “un banquete infinito” de la nacionalidad, con el cual ha batallado tanto el castrismo hasta llegar a la creación léxica de “jama”, termino original que distingue el quehacer revolucionario cubano del resto del mundo.

No es de extrañar que, desde el año 1959, cuando se lleva a escena la obra de Piñera, este tuviera que andar justificando su precocidad contrarrevolucionaria en torno al tema del hambre, que Alberto Pedro va a retomar en el 1996 con El banquete infinito. Ya desde Manteca, una obra que empieza diciendo “¡Hay que hacerlo!”, “¡Hacerlo!”, “¿Hacerlo?”, “Sí. ¡Hacerlo!”, refiriéndose explícitamente a meterle un cuchillo a un cochino, viejo, decrépito y fofo, como acción inmediata para “resolver” el problema nacional del hambre, había dado un paso importante en la dramaturgia cubana, proponiendo una salida no solo para comer sino para derrocar la tiranía y “resolver” de forma definitiva.

Esto no es una verdad de Perogrullo, al modo de unos de los personajes más logrados de la obra, aunque nos lleve al tema de la esquizofrenia del léxico, uno de los problemas más complejos del proceso revolucionario cubano, que entronca a su vez con el lenguaje catedrático del bufo cubano, hasta el punto de inventarse en Cuba un nuevo lenguaje, que visto en la distancia es casi abstracto, y que hace tan difícil que los cubanos se entiendan, en un ejercicio de estilo que empieza en la boca y termina en el otro extremo del aparato digestivo, asunto más delicado de lo que a primera vista parece. No obstante, se trata de un lenguaje que no es lo suficientemente abstracto como para no comprenderse, especialmente a nivel de estómago, particularmente entre los cubanos que no “jaman”, y que diez años después, por el significado popular, cotidiano y nacional del cubanismo, le costó caro a Juan Carlos González Marco por querer “jamar” ante las cámaras de la televisión, dando lugar en 2009 al bien conocido “caso Pánfilo”, que hace del “jamar o no jamar” de la obra en escena, un texto de ramificaciones shakesperianas de muy diferentes connotaciones, que Alberto Pedro acuña teatralmente, llegando al meollo revolucionario del mismo.

El estreno mundial de El banquete infinito no ha tenido lugar en Cuba, sino en Miami, siguiendo la trayectoria de textos subversivos que no se estrenan en su país de origen, o que se estrenan muchos años después de haber sido escritos, y en algunos casos cuando sus autores están muertos y bien enterrados, como, por cierto y paradójicamente, ocurre también en Miami. Después de todo, son dramaturgos cubanos sujetos a muchos avatares personales y colectivos.

Le corresponde a Akuara Teatro el privilegio de este montaje, inaugurando con esta obra su recorrido escénico en Miami, en una temporada teatral que durará hasta el 16 de septiembre, dirigida por Miriam Lezcano Brito —compañera por muchos años del dramaturgo—, que llevó a escena muchas de sus obras, y con un excelente trabajo de Carlos Alberto Pérez e Yvonne López Arenal en los papeles protagónicos.

Es un hecho consumado, que el montaje en Miami de obras escritas, estrenadas y premiadas en Cuba, tiene lugar con reiterada frecuencia; pero las implicaciones que representa el de El banquete infinito, por la riqueza de su discurso subversivo, es un caso muy especial y, en el de Alberto Pedro más todavía, por haber fallecido en Cuba en la plenitud de su carrera sin que esta obra se llevara a escena, aunque es reconfortante que el propio estreno reafirme su vigencia.

A pesar (o precisamente a “pesar”) de que el jerarca que ocupa el papel protagónico no es otro que el personaje que abre la obra, a imagen y semejanza del cubano, y que este ha sido la figura determinante del destino nacional, la escena cubana se ha quedado corta en cuanto a darle al “nuestro” el papel protagónico que bien se merece. Los riesgos son muchos, no solo por el compromiso histórico que representa, sino por los escollos estrictamente escénicos, que conozco al dedillo, cuando en 1979 escribí Ojos para no ver, convirtiéndolo en Solavaya. El problema que se le presenta al dramaturgo es la confrontación con la realidad, el enfrentamiento con una problemática nacional del “jamen” (con todas sus implicaciones) que no se ha resuelto. De ahí que el conflicto “paradigmático” de un jerarca con su doble, del original y el espejo, nos lleva, nada más y nada menos, que a un enfrentamiento con el original que inspira el texto, cuyas dificultades asume y supera Alberto Pedro con éxito.

Aunque el dramaturgo resumió su obra como “disturbio autorizado”, tengo mis dudas sobre lo que exactamente quería decir, por varias razones, entre otras, porque los disturbios que se autorizan no son verdaderos disturbios y los que se autorizan hoy pueden desautorizarse mañana. Por la naturaleza misma del jerarca tales decretos no son de confiar. Un jerarca, además, acaba siendo siempre el doble del otro, quítate tú para ponerme yo, cambie o no de uniforme, de careta o de casaca, y con los jerarcas no se juega sin pagar las consecuencias. Matar al “cochino” parece ser un disturbio que puede autorizar la seguridad del estado al llevarse a escena con un cuchillo de utilería, de apariencia inocua, pero al menor juego de manos puede convertirse en un cuchillo de carnicero. Los cubanos han (¿hemos?) sido entrenados en la hermenéutica, y aunque muchos no saben escribir a pesar de estar alfabetizados, son (¿somos?) expertos en leer entre líneas, y hasta de inventar lo que no se entiende con la peor de las intenciones. En tal sentido, somos más ingleses que un personaje de Shakespeare, manejando la intriga del comité de barrio como el más refinado cortesano y buscando la palabra precisa que entierre la puñalada por las espalda y llegue a la yugular sin que le tiemble la mano. Pero el teatro, como en su caso y el montaje que hace Akuara Teatro de El banquete infinito, es una recompensa, y los dramaturgos auténticos tienen que ajustarse al hecho, ya que el teatro sigue siendo la única verdad posible. Cueste lo que cueste. Y es en este sentido que los jerarcas pierden la partida.